martes, 5 de julio de 2011

Etapa 4: Puente la Reina - Estella (24 km.)

Nos despertamos antes que ningún otro día, antes de las 6:00. Y a la media hora ya estamos bajando la pronunciada cuesta del cámping-albergue que nos lleva hasta el puente. Nuevas y tempranas fotos. Empezamos el Camino fresquitos y con buen ánimo.

La subida a Mañeru no tiene perdón: está claro que hace falta más ingenieros en el Camino. El pueblo es bonito, pero sin bar, o no lo encontramos, así que seguimos hasta Cirauqui. La vista a medida que te acercas es excepcional, con campos de girasoles y vides a ambos lados. Bar como tal no encontramos, pero sí una panadería. Plan B: comernos todo lo que llevamos, además de los bollos que podemos comprar en la panadería. Lo hacemos en unos soportales situados en lo más alto del pueblo. El desayuno sabe a gloria. Allí mismo ponemos el sello y llenamos la cantimplora para retomar el Camino.

Parece que hoy no nos pasan tantos peregrinos como en días anteriores. Quizá es que esta parte del Camino no es ningún paseo. Muchos ciclistas se paran en las subidas, sobre todo si van cargados, que algunos no lo van. Hasta muchos de los rapidillos nos pasan y volvemos a alcanzarles (como diría Perico Delgado, les pasamos continuamente).

En Lorca nos roban tres euros y pico por dos latas de coca-cola. Claro que la mayoría de la gente ayuda a los peregrinos, pero ladrones siempre habrá. En Bilatorta solo paramos unos minutos, tras tener conocimiento de un tal Veremundo, que fuera abad de Irache y que hizo mucho por los peregrinos, según leemos en una placa.

El tramo final hasta Estella se hace duro, por el calor sobre todo, pero también por la pendiente y la ausencia de referencias: ¿dónde está Estella? Al final, a eso de las 12:15, Estella aparece por fin. Breve descanso para enfirlar hacia el albergue de Ayegui, situado a un par de kilómetros del de Estella. Somos los primeros en llegar y elegimos camas.

Tras el descanso, nos vamos a llenar el estómago al restaurante San Cipriano, recomendado por el alberguero (que seguro que no era ibérico...). Y vaya si es una buena recomendación. Cómo un menú sencillo puede ser tan rico y sentar tan bien. No puedo evitar recordar al borde del cámping de Puente la Reina o al ladrón de Lorca: el contraste con la sonrisa y amabilidad de la pareja que llevar el restaurante San Cipriano es total. Lástima no poder volver allí para cenar, pues ese día cierran a la tarde por descanso.

Vuelta al albergue a dormir una siestecilla. Tras la cual seguimos siendo los únicos peregrinos aún. Situado en un polideportivo, es menos cómodo que albergues anteriores (no podemos, por ejemplo, lavar y tender la ropa), pero estamos fresquitos y tranquilos. Descansados, nos vamos a comprar la cena en un supermercado de la universalmente famosa cadena Simply, y a dar un paseito por Estella. Es más grande de lo que pensaba. Vemos muchos peregrinos paseando por sus calles. De vuelta, cena y un ratito de partido de pelota vasca con palas en directo. A las 22:15, toque de queda.

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