sábado, 2 de julio de 2011

Etapa 1: Roncesvalles - Larrasoaña (27 km.)

Nuestro viaje comienza con un tren de bastante velocidad que nos lleva desde la estación de Guadalajara-Yebes hasta Pamplona. La estación de Guadalajara-Yebes es muy triste, deprimente. Nosotros somos cuatro. Solo hay dos personas más. Hasta el detector de la entrada está deprimido: no detecta ni las tijeras ni la navaja (se ve que solo funciona con katanas y granadas de mano).

Ya en el tren, procedente de Madrid, un señor despatarrado en nuestros asientos se queja porque le pedimos que ahueque el ala. No nos dan auriculares, así que toca ver la peli en modo mudo. Eso sí, antes de llegar a Pamplona, con motivo de los sanfermines, RENFE nos regala cuatro abanicos para cargar con ellos durante seis días (la azafata está tan sorprendida como nosotros de que RENFE regale algo).

Cien metros antes de la llegada, se va la luz y el tren se para. La mitad de los vagones tiene andén, el resto no. Tras varios minutos de espera, un operario recorre el tren abriendo las puertas a mano. 

El taxista que habíamos reservado es majísimo. De camino hacia Roncesvalles nos lleva por la casa natal de Induráin y nos cuenta unos cuantos chismes de su familia. La temperatura baja más de 10 grados entre Pamplona y Roncesvalles. El taxista nos ofrece subir hasta Ibañeta para ver el mar, pero es tarde y estamos cansados.

El refugio está muy bien. Habíamos reservado por internet y no hay problemas. Eso sí, el recepcionista no habla español: alemán e inglés, a elegir. Al reservar ya habíamos comprobado que este Camino ya no es el de hace 15 años: 10 euros por cabeza. Incluso creo recordar que la compostela era gratuita entonces. Ya no. Comemos un menú del peregrino en Casa Sabina: otros 10 euros por cabeza. Y a las 10, con puntualidad germana, fuera luces y a dormir.

A las 6:00 se encienden las luces y a las 6:39 echamos a andar con la fresca. No llevamos desayuno, con la expectativa de hacerlo después de unos kilómetros. En Burguete hay un solo bar abierto y está hasta las trancas. Así que decidimos seguir. En Espinal no hay nada abierto. El fantasma de la muerte por inanición empieza a planear sobre nuestras mochilas. Pero en Biscarreta encontramos el paraíso, en la forma de Bar Juan. Allí nos atizamos el merecido desayuno, rodeados de gatos y peregrinos.

Con la tripa en paz, vamos reconociendo tramos que hicimos hace unos años, mientras veraneábamos en Saragüeta, hasta que a eso de las 12:30 llegamos a Zubiri. Cruzamos el Puente de la Rabia al ritmo de tambores (un grupo ensayando) y encontramos un rincón fresquito y con agua. Vemos que el pueblo ha cambiado bastante desde la última vez que estuvimos por allí. Tomamos unos bocadillos, fruta, agua fresquita, un café y helados. Y descansandos, volvemos a cruzar el puente, camino de Larrasoaña.

El tramo de Camino paralelo a la empresa Magna es el único desagradable del día, a lo cual contribuye sin duda el calor de la hora. Nos damos un respiro en Ilarratz, donde tomamos agua fresquita a la sombra de un soportal.

Cuando llegamos a Larrasoaña, el refugio ya está lleno, pero nos dicen que van a abrir la planta superior, que destinan a las urgencias. Nos dan una habitación de dos literas. Eso garantiza que el nivel de ronquidos serán inferior al habitual. Dejamos el equipaje y nos vamos a descansar los pies en el río Arga ¡qué relax! Volvemos al refugio, nos duchamos, lavamos la ropa y ponemos rumbo directo hacia unas jarritas de cerveza (los adultos, claro).

A las 8:30, cena de peregrino a base de macarrones picantes y vino de la tierra. La pequeña, de morros por el picante. A las 7:00 hay que reservar, pero a las 8:30 no. La razón es obvia: hay casi más guiris que cristianos.

De vuelta al albergue, el antiguo alberguero nos invita a ver su pequeño museo sobre el Camino. Caigo en la cuenta de que la placa de homenaje que había a la entrada del albergue era en su honor. Santiago Zubiri. Además de alberguero, fue alcalde del pueblo. Ahora se dedica a enseñarle a los peregrinos un montón de pequeños recuerdos: libros de firmas, premios, docenas de regalos (como un pequeño belén a base de cerillas), sus dos compostelas... por cierto, muchos de los sellos casi se han desvanecido a causa de su exposición a la luz.

Y a las 10:30 ya estamos en posición horizontal. Esta noche ya hace calor...