miércoles, 6 de julio de 2011

Etapa 5: Estella - Torres del Río (27 km.)

En el albergue de Estella la luz no se enciende automáticamente como en otros albergues, de modo que hacemos la mochila sin apenas luz para no despertar al resto de peregrinos. Por eso, la salida se retrasa a las 6:35. Con buena temperatura y rodeados de peregrinos que han salido probablemente del albergue de Estella, enfilamos hacia el monasterio de Irache.

Lo de la fuente del vino es verdad. Cuando hicimos el Camino por primera vez no fuimos porque nos dijeron que el vino solo salía en las primeras horas de la mañana. Pero a estas tempranas horas fluye, y puede verse por Internet en una webcam. Y aunque no son horas de empinar el codo, no está mal el vinillo, no.

Pasamos por Azcueta sin ver señal alguna del tal Paco de las Varas, un personaje que hace varas para los peregrinos. Pero en cambio, sí vemos un jabalí cautivo en una cerca de una casa del pueblo. No es que guarde relación, es que llama la atención el bicho. A menos de dos kilómetros llegamos a Monjardín, donde damos cuenta del desayuno. A partir de aquí el Camino se hace largo, hay pocas sombras y cada vez hay menos anécdotas que contarles a los niños para entretenerlos (aunque siempre nos queda tararear el "Vamos al Lidl, Lidl... ¡sígueme!").

Poco después de las 12 llegamos a Los Arcos, recorremos la calle principal, tomamos unos refrescos y descansamos un rato al pie de la iglesia y la Puerta de Castilla. No hace mucho calor, afortunadamente, pero quedan ocho kilómetros hasta Torres del Río y hay que hacerlos. Así que nos ponemos a andar sin pensarlo más. En cabeza se forma un pelotón de tres que no busca, pero casi consigue, descolgar al resto de participantes. Y es que no hay ni una sombra, ni una fuente, ni un peregrino a la vista...

Por fin, pasadas las dos de la tarde llegamos a Sansol. Allí, un señor hace fotos a diestro y siniestro: ni Ley Orgánica de Protección de Datos, ni gaitas. Resulta que el personaje es famoso, ya que las publica a troche y moche en Internet. He aquí la prueba.

Y a un kilómetro de Sansol y bajando, por fin, Torres del Río. Al llegar nos encontramos caras conocidas. De hecho, celebramos una de las comidas más amenas de todo el Camino que llevamos, rodeados de buena gente y algún ciclista onubense que nos ha alcanzado y nos dejará atrás mañana. 

Después viene la sorpresa. Nos vamos hacia Casa Mari, donde hemos reservado habitación, pero hete aquí, mira tú, que se la ha dado a otro. A pesar de haber dado mi nombre, haber dicho que íbamos con niños (si no, seguramente no hubiera llamado) y haber dado con precisión matemática la hora de llegada. Muchas disculpas, pero iros a buscar alojamiento a otro sitio y si no lo encontráis, ya buscaremos algo. Afortunadamente lo encontramos. En apariencia tiene mejor aspecto e incluso es más barato (de hecho incluye desayuno), así que, ya alojados, hacemos uso intensivo de la lavadora y descansamos un rato.

Para terminar el día, salimos a dar un paseillo, hacer unas fotos de su espléndida iglesia octogonal y tomar algo. La primera vez que vinimos fue todo un descubrimiento. Buscamos a la señora para que nos abriera la iglesia y todo fue más sencillo. Ahora tiene su horario de apertura al público y, por supuesto, su precio de visita: son los tiempos que corren. Después, cenamos en el mismo restaurante en el que comimos y a eso de las diez de la noche ya estamos en posición horizontal, descansando para afrontar la última etapa de esta primera entrega. 

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