Nos levantamos prontito un día más. Voy a buscar un bar, pero las calles de Santo Domingo de la Calzada están vacías, y casi todos los bares cerrados, cuando está claro que hay docenas de peregrinos que quieren desayunar. Nos preguntamos si verdaderamente hay crisis. Desayunamos en el único bar abierto que encontramos, el mismo en el que comimos ayer.
El día está nublado y la temperatura es perfecta para caminar. El paisaje sigue siendo muy verde, el color predominante en cuanto dejas los pueblos. En esta etapa, los pueblos se suceden más deprisa que en las anteriores. No es que vayamos más deprisa, es que hay más. Eso sí: no parece que ninguno tenga demasiada vida.
![]() |
| Iglesia de San Juan Bautista (Grañón) |
Una innecesaria señalización nos hace dar un rodeo considerable a la mayoría de los peregrinos antes de llegar a Grañón. Nos damos cuenta tarde. Hay peregrinos que no pican (su guía debe ser mejor que la nuestra), pero la mayoría hacemos fácilmente medio kilómetro de más. Grañón, es atravesado por una calle Mayor muy agradable y tiene una bonita iglesia, la de San Juan Bautista. Este será el último pueblo antes de dejar definitivamente La Rioja y entrar en la provincia de Burgos, donde repetimos el clásico La Rioja, Burgos, La Rioja, Burgos...
En Redecilla del Camino cruzamos la N-120 para ver la pila bautismal, pero la iglesia está cerrada. Una lástima, porque es la pila bautismal más bonita que hayamos visto jamás (lo que sucedió la primera vez que hicimos el Camino).
En Castildelgado paramos a reponer fuerzas. Entramos en dos tandas y cuando vamos a pagar nos cobran solo la primera. No caemos en ello. A los pocos segundos salen detrás de nosotros con bastante malhumor culpándonos de su error: ¿cómo se les iba a ocurrir a ellos que nos sentemos juntos, nos comamos los bocadillos juntos, no paremos de hablar entre nosotros, que nos levantemos y salgamos juntos y que fuéramos a pagarlo todo juntos? Cuando vuelva a hacer el Camino ya sé dónde no vuelvo a parar: Castildelgado.
Reemprendemos Camino y tras un breve descanso en Villamayor del Río, ya no paramos hasta Belorado, donde encontramos el primer albergue en la misma entrada del pueblo (A Santiago, se llama).
En el pueblo comemos un menú aceptable, aunque el comedor del restaurante, en la plaza de pueblo, está impregnado de olor a fritanga. Poco después nos despedimos de nuestra familia, que tiene que volver al quehacer diario antes que nosotros. Y nos quedamos los cuatro.
![]() |
| Belorado |
Descansamos un rato en el albergue y nos vamos a hacer la compra (la cena y el desayuno del día siguiente). Después nos damos un paseo hacia el castillo, o mejor dicho a lo que queda del viejo castillo. A la ida vemos unos hippies que han acampado en un solar al lado del albergue, con un par de caballos. A la vuelta están reunidos cantando canciones: se ve que no tiene el Plus p'al salón. Del castillo queda poco, pero desde su ubicación se disfruta una buena panorámica de Belorado y aprovecho, como casi siempre, para darles la brasa a los niños sobre cómo la situación, la forma y el tamaño de los pueblos es algo vivo, de lo que Belorado es buen ejemplo.
Cenamos en el albergue, y como no hay hora definida de apagar las luces, cada uno se acuesta cuando le apetece. Además, las salas no están bien aireadas y huele a pies (a los de todos, claro). Puntuamos al albergue con un 6 pelao, a pesar de la partida de billar americano que nos echamos los niños y yo.
Ya de noche, descubro que las mujeres, concretamente una italiana, pueden llegar a roncar como una piara de cerdos ebria de vodka... a mi me desvela, pero los demás duermen todos como benditos, hasta que aprovecho una distracción de la individua, que enmudece unos minutos, para quedarme frito. Para entonces ya he inmortalizado 40 y pico segundos del insoportable concierto:



No hay comentarios:
Publicar un comentario