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martes, 1 de mayo de 2012

Etapa 10: Belorado - Agés (27 km.)

A las 6:30 nos ponemos verticales. Somos casi los primeros y nos toca hacer la mochila con una linterna. Meida hora después estamos en el comedor, tomando el desayuno que compramos ayer: es suficiente, pero no es de peregrino profesional (¡ni tostadas, ni cruasanes, ni donuts de chocolate!).

Empezamos a andar a las 7:40. Salimos de Belorado y cruzamos enseguido el río Tirón. El camino que nos lleva hasta el primer pueblo, Tosantos, está especialmente bien acondicionado durante los cuatro kilómetros aproximados que tiene. La temperatura y el paisaje son tranquilos. En poco tiempo llegamos a Villambistia, donde, según nos cuentan más tarde, existe un buen alojamiento.

Ruinas del Monasterio de San Félix
Y poco después llegamos a Espinosa del Camino. En este pueblo nos tomamos un café del tamaño de dos en un bar muy agradable. Justo antes de reemprender la marcha desembarca un escuadrón de guiris de los que hacen el Camino a trozos, consiguiendo de paso que en algunos momentos parezca más una calle comercial que otra cosa.

Atravesamos campos y los restos del monasterio mozárabe de San Félix, donde al parecer fue enterrado el fundador de Burgos, para llegar enseguida a Villafranca Montes de Oca. Allí sellamos, renovamos el agua y empezamos la cronoescalada rodeados de jóvenes ciclistas nacionales y ancianetes andarines extranjeros. Una vez arriba, en la Fuente de Mojapán, encontramos unas mesas donde nos zampamos los bocadillos con auténtico placer. No llevamos más: si no cazamos algo, tendremos que aguantar con ellos hasta la hora de la comida.

El Camino que resta hasta San Juan de Ortega es largo y monótono. La riada de peregrinos le resta paz a la peregrinación. La monotonía es rota por un monumento erigido allí en recuerdo de los fusilados en aquel lugar en 1936 por esbirros del enano. En cada lado tiene unos preciosos versos de Miguel Hernández. La verdad es que los criminales no eligen muy bien los sitios para asesinar a los que no piensan como ellos, pero es bueno recordarlo, para que nunca más vuelva a suceder.

Los pinos y los robles se suceden hasta que finalmente avistamos San Juan de Ortega. Allí volvemos a sellar las credenciales, descansamos un rato y ya no paramos hasta el destino del día: Agés. Dada la masificación del Camino, nos vamos ya acostumbrando a reservar, algo que nunca hicimos la primera vez: reservamos en el Pajar de Agés, que es un refugio pequeño, pero muy agradable. Al llegar, dejamos las mochilas y nos vamos a llenar la panza, que es tarde. El menú nos deja satisfechos, el vino aún más (a mi, claro, no a los niños).

Agés
Pasamos la tarde descansando y dando algún paseo. El pueblo tiene una iglesia con una esbelta espadaña del siglo XVII. Al parecer en ella están enterradas las entrañas de algún rey (qué asco ¿no?). Cenamos en el albergue mismo. La cena es sencilla, primero y segundo únicos, pero se puede repetir. Compartimos mesa con cuatro italianos y compruebo que ya no entiendo el italiano, si es que alguna vez lo entendí. La alberguera nos cuenta anécdotas, como la del ucraniano de 2,30 metros que no cabía en las camas o la del tal "don Felipe", un humorista o algo así que le dejó varios dibujos.

Antes de cenar, nos damos un último paseo por el pueblo para bajar la cena. A la vuelta cojo un ejemplar (gratuito) del libro Hercólubus o Planeta Rojo, escrito por un individuo llamado V.M.Rabolú. Es un disparate tal que nos trae un sinfín de risas hasta la hora de dormir. Son las 22:00.

lunes, 30 de abril de 2012

Etapa 9: Santo Domingo de la Calzada - Belorado (23 km.)

Nos levantamos prontito un día más. Voy a buscar un bar, pero las calles de Santo Domingo de la Calzada están vacías, y casi todos los bares cerrados, cuando está claro que hay docenas de peregrinos que quieren desayunar. Nos preguntamos si verdaderamente hay crisis. Desayunamos en el único bar abierto que encontramos, el mismo en el que comimos ayer.

El día está nublado y la temperatura es perfecta para caminar. El paisaje sigue siendo muy verde, el color predominante en cuanto dejas los pueblos. En esta etapa, los pueblos se suceden más deprisa que en las anteriores. No es que vayamos más deprisa, es que hay más. Eso sí: no parece que ninguno tenga demasiada vida.

Iglesia de San Juan Bautista (Grañón)
Una innecesaria señalización nos hace dar un rodeo considerable a la mayoría de los peregrinos antes de llegar a Grañón. Nos damos cuenta tarde. Hay peregrinos que no pican (su guía debe ser mejor que la nuestra), pero la mayoría hacemos fácilmente medio kilómetro de más. Grañón, es atravesado por una calle Mayor muy agradable y tiene una bonita iglesia, la de San Juan Bautista. Este será el último pueblo antes de dejar definitivamente La Rioja y entrar en la provincia de Burgos, donde repetimos el clásico La Rioja, Burgos, La Rioja, Burgos...

En Redecilla del Camino cruzamos la N-120 para ver la pila bautismal, pero  la iglesia está cerrada. Una lástima, porque es la pila bautismal más bonita que hayamos visto jamás (lo que sucedió la primera vez que hicimos el Camino).

En Castildelgado paramos a reponer fuerzas. Entramos en dos tandas y cuando vamos a pagar nos cobran solo la primera. No caemos en ello. A los pocos segundos salen detrás de nosotros con bastante malhumor culpándonos de su error: ¿cómo se les iba a ocurrir a ellos que nos sentemos juntos, nos comamos los bocadillos juntos, no paremos de hablar entre nosotros, que nos levantemos y salgamos juntos y que fuéramos a pagarlo todo juntos? Cuando vuelva a hacer el Camino ya sé dónde no vuelvo a parar: Castildelgado.

Reemprendemos Camino y tras un breve descanso en Villamayor del Río, ya no paramos hasta Belorado, donde encontramos el primer albergue en la misma entrada del pueblo (A Santiago, se llama).

En el pueblo comemos un menú aceptable, aunque el comedor del restaurante, en la plaza de pueblo, está impregnado de olor a fritanga. Poco después nos despedimos de nuestra familia, que tiene que volver al quehacer diario antes que nosotros. Y nos quedamos los cuatro.

Belorado
Descansamos un rato en el albergue y nos vamos a hacer la compra (la cena y el desayuno del día siguiente). Después nos damos un paseo hacia el castillo, o mejor dicho a lo que queda del viejo castillo. A la ida vemos unos hippies que han acampado en un solar al lado del albergue, con un par de caballos. A la vuelta están reunidos cantando canciones: se ve que no tiene el Plus p'al salón. Del castillo queda poco, pero desde su ubicación se disfruta una buena panorámica de Belorado y aprovecho, como casi siempre, para darles la brasa a los niños sobre cómo la situación, la forma y el tamaño de los pueblos es algo vivo, de lo que Belorado es buen ejemplo.

Cenamos en el albergue, y como  no hay hora definida de apagar las luces, cada uno se acuesta cuando le apetece. Además, las salas no están bien aireadas y huele a pies (a los de todos, claro). Puntuamos al albergue con un 6 pelao, a pesar de la partida de billar americano que nos echamos los niños y yo.

Ya de noche, descubro que las mujeres, concretamente una italiana, pueden llegar a roncar como una piara de cerdos ebria de vodka... a mi me desvela, pero los demás duermen todos como benditos, hasta que aprovecho una distracción de la individua, que enmudece unos minutos, para quedarme frito. Para entonces ya he inmortalizado 40 y pico segundos del insoportable concierto: