¿No era el 18 de julio el día del Alzamiento Nacional? Pues perdón por la reseña histórica (hay cosas que a uno le obligaron a aprender y se han quedado por ahí dentro para siempre) y la peregrina asociación de palabras, pero es que a las 5:35 nos alzamos con el objetivo de llegar a Barbadelo, cuatro kilómetros y medio más allá del final de etapa oficial, que es Sarria. Es la primera etapa en la que incrementamos el recorrido habitual. Es debido a que queremos recortar un día para poder pasar un día tranquilos en Santiago de Compostela. Por tanto, tampoco será la última etapa en la que hacemos más kilómetros de los previstos a priori.
Aunque fue ayer cuando salimos de O Cebreiro, se nos antoja que es ahora cuando estamos de verdad en Galicia; desde hoy el recorrido cambia y es verdaderamente diferente a todo lo visto hasta ahora: prados, bosques de castaños, robles, hayas, etc. Ayer reservamos alojamiento en el refugio "A Casa de Carmen" de Barbadelo para poder ir tranquilos y disfrutar, por ejemplo, de Portomarín.
Lo que sigue sin cambiar es la necesidad de recorrer más de once kilómetros para poder tomar un café. Primero encontramos una máquina de refrescos que al menos nos permite darle un Aquarius al enfermo. Luego toca ponerle mala cara a un perro agresivillo. Sigue una fuente un poco fuera de tono. Y poco después alcanzamos el puerto de Riocabo, desde donde vemos la evidente manta de niebla que a buen seguro cubre El Camino a su paso por Samos. Por San Xil hay muchos tramos en que se camina encajonado entre frondosos árboles. Se trata de ese típico paisaje de bosque en el que con algo de mal tiempo hace recordar los cuentos de meigas y bruixas...
Finalmente llegamos al bar de Furela, donde por fin podemos tomarnos un café y un zumo. El único requisito es no haber tomado las de Villadiego, como han hecho los chavales. Seguimos haciendo conocidos a fuerza de encontrarnos una y otra vez con los mismos peregrinos. Al tiempo, intentamos poner sellos en todos los sitios posibles, para llegar a Santiago con la segunda credencial rebosante. El de hoy ha sido un día prolífico en este sentido.
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| Escalinata en Sarria |
Llegamos a Sarria, pueblo de cierta entidad, donde compramos comida y desayuno de subsistencia, como siempre, pensando en cenar en el albergue. Aprovechamos también que hay cajeros. El calor se nos echa encima y el tramo hasta Barbadelo, con numerosas subidas, se hace duro. Empezamos con la escalinata que sube hacia los albergues de la Rúa Mayor. Superamos la Prisión Preventiva, a cuyo lado hay un hermoso crucero. De allí se llega al convento de la Magdalena, que dejamos a nuestra derecha y bajamos hasta un río que cruzamos gracias el Ponte Áspera, del que es imposible disfrutar porque está abarrotado de vegetación. Cruzamos bajo un viaducto y llega otro ascenso entre castaños hasta As Paredes. A partir de aquí el único problema es la incertidumbre de la ubicación de nuestro albergue, que unido al calor y el cansancio, acaba desanimando a la tropa.
Lo primero que llama la atención del albergue es que probablemente es el mejor acondicionado de todos los que hemos visto. La acogida inicial es un tanto fría, pero después de ducharnos, comer, lavar la ropa y pasar la tarde descansando en un lugar tan agradable, la impresión cambia radicalmente tras la cena. Aparte de un menú de calidad para cenar, la conversación con el alberguero resulta de lo más edificante y didáctica. Por si fuera poco, a la hora de pagar, cuando pido que añada la tortilla y el agua que ha tomado mi hijo (sigue mal del estómago) me responde que no se le cobra nada a un peregrino enfermo. Reconforta ver que se puede llevar bien un negocio y mimar al peregrino.
La noche es algo calurosa y aunque somos pocos y no hay ronquidos, algún perro nos fastidia el sueño con sus ladridos antes de la hora prevista para un nuevo "alzamiento".
La noche es algo calurosa y aunque somos pocos y no hay ronquidos, algún perro nos fastidia el sueño con sus ladridos antes de la hora prevista para un nuevo "alzamiento".



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