lunes, 22 de julio de 2013

Etapa 29: Pedrouzo - Santiago de Compostela (20 km.)

Pedrouzo queda a algo más de 19 kilómetros de Santiago de Compostela, la meta geográfica de El Camino. Quizá por ello hoy nadie madruga tanto como hasta ahora. Somos muy pocos los que nos levantamos a las 6:00. Una vez más, he dormido tan bien que no he notado ningún ronquido. Seguramente algo tenga que ver el cansancio acumulado y, en particular, por la dura etapa del día anterior. Pero ronquidos haylos, como relata la pequeña. 

A las 6:45 nos ponemos en marcha sin desayunar. Ya desde el principio nos vemos constantemente acompañados de peregrinos, pero a medida que avance la mañana, lo que habían sido contactos esporádicos y encuentros ocasionales, se convierte en una riada. La Oficina del Peregrino dispone de una bonita página web donde publica unas excelentes estadísticas de la peregrinación: en julio de 2013, sin ser Año Santo, llegamos diariamente a Santiago más de 1.000 peregrinos. 

Aparte del incremento obvio de personas, en esta última etapa hay algo que no cambia en absoluto: la dificultad para encontrar sitios donde desayunar. El primero que encontramos es Cimadevilla, a los pocos kilómetros de empezar. El sitio es agradable y el desayuno aceptable. Eso sí, está abarrotado (si será así que es autoservicio) y el pobre camarero no da abasto con cafés y cola-caos. Aún así el bar no tiene nada de barato: me deja perplejo el anuncio de los tres menús disponibles: 12, 16 y 20 euros. Sin duda, precios especiales para peregrinos...

Tampoco varia el trazado que es común a todas las etapas desde que bajamos de O Cebreiro: subir y bajar entre bosquecillos, prados y plantaciones. Pero es evidente que paulatinamente el paisaje va dejando de ser rural para convertirse en urbano. Los puntos destacables ya no son aldeas, cruceiros, iglesias, ermitas o fuentes. Son el aeropuerto, las instalaciones de la televisión gallega, las de RTVE, etc.

Los mojones kilométricos tan entretenidos que nos acompañaban desde la entrada en Galicia, hace cerca de 150 kilómetros, desaparecen a partir del 12, lo cual nos deja coja la colección de mojones múltiplos de 10 (nada que no pueda arreglarse con The Gimp si fuera necesario), pero nos deja cierta frustración. El día sigue nublado, como los anteriores, cuando nos acercamos al Monte do Gozo, donde estuvimos alojados en nuestra primera peregrinación. Aprovechamos para hacer fotos del lugar y sellar las credenciales. Desde aquí el descenso hacia Santiago es cómodo y encontrar nuestro refugio (Fin del Camino) no resulta complicado. Como esperábamos, muy bien acondicionado y tranquilo.

Nos instalamos por última vez y una vez aseados, dada la hora, nos vamos a llenar el estómago antes de ponemos en marcha para cubrir los últimos dos kilómetros de la peregrinación. Entramos al casco antiguo por la Puerta del Camino hacia la calle de la Azabachería. Santiago de Compostela es una ciudad preciosa. La actividad siempre es incesante, pero dentro de dos días se celebra el Día de Santiago (en ese momento nadie pensaba que pudiera suspenderse, como hubo de hacerse a causa del accidente de tren).

Por fin llegamos a la Plaza del Obradoiro. Después de admirarla una vez más, nos vamos a recoger las compostelas, ese bonito documento donde queda constancia, con tu nombre en latín, de que has cumplido el objetivo que te fijaste en su momento (hace dos años, en nuestro caso). Al día siguiente asistiremos a la Misa del Peregrino, como broche de esta segunda peregrinación a Santiago de Compostela.

Este es el fin de este blog. Empecé a escribirlo con el objetivo fundamental de dejar constancia de esta experiencia exclusivamente para que mis hijos puedan recordarla en el futuro. Con lo escrito y los centenares de fotos acumuladas elaboraré un álbum que les regalaré como premio a su esfuerzo.

Elegimos hacer El Camino con ellos a esta edad porque hacerlo antes (desde Roncesvalles) nos parecía exagerado y hacerlo dentro de unos años quizá sea imposible si a ellos no les apetece. De hecho, en estos dos años los cambios han sido evidentes: son más fuertes, pero también más autónomos.

Lo que sí espero que hayan aprendido es que El Camino es una experiencia fabulosa, una metáfora de la vida: uno empieza, se las arregla como mejor puede en función de sus circunstancias, ayuda y es ayudado, conoce personas buenas y no tan buenas, conoce lugares y sobre todo, aprende que si se esfuerza consigue lo que quiere. No creo que haya que ser creyente para vivirlo intensamente, pero sí respetuoso y espiritualmente cristiano.

Por cierto, hace dos años parafraseé aquella sentencia de la serie de televisión Fama, diciendo que buscábamos (el Pórtico de) la Gloria... pues no pudimos verlo. Ahora hay que pagar. En fin, cada uno hace negocio como puede, como ya hemos podido comprobar en todo El Camino, pero nos quedamos con el recuerdo de la buena gente que hemos conocido y nos ha atendido tan bien.

Una última cosa: no sé si tendrán que pasar otros diecisiete años, pero me gustaría volver a hacerlo una vez más, con Bego, andando también, en primavera o en otoño, pero de una sola vez y, sobre todo, sin conocer la fecha de llegada, como en la vida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario