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| Hito del km. 50 |
Tras la noche más movida (valga la triste redundancia) de toda esta fase de El Camino, hacemos las mochilas y a las 6:20 nos ponemos en marcha. Encontramos más gente de la deseable, aparte de los peregrinos, del mismo tipo que cuando dejamos Burgos (borrachos, vamos). El primer objetivo, una vez que abandonamos las calles de Melide y nos quedamos sin luz, es encontrar el hito de los 50 kilómetros, no sea que me toque volver hacia atrás cuando encontremos el 49. Bien pronto coincidimos con la madre francesa y su hijo. En pocos minutos encontramos el hito y lo fotografiamos con la ayuda del flash. Como casi todo los demás, tiene sus grafitis y sus piedrecitas encima.
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| Puente sobre el río Iso |
La de hoy va a ser una etapa dura, de cerca de 33 kilómetros. Y es que como nos fue imposible encontrar alojamiento en albergue privado en ninguna de las dos poblaciones previstas (Salceda o Santa Irene), tenemos que seguir un poco más allá; en concreto, hasta Pedrouzo. Los primeros kilómetros, como siempre, son frescos y alegres. Entre bosques y plantaciones llegamos al río Iso, que cruzamos por su puente medieval. Justo a continuación sellamos las credenciales y continuamos camino hasta cubrir los primeros 12 kilómetros de esta etapa hasta Arzúa, población tremendamente estirada a lo largo de El Camino.
Nos llama la atención que a esas horas tan tempranas ya haya peregrinos que han cubierto su cupo diario. Buscamos el bar anunciado, situado al lado de la Iglesia y una pastelería, para desayunar. Y la verdad es que no merece la pena en absoluto, pero es lo que hay. Cuando entramos en la Iglesia para verla y sellar la credencial, nos llevamos la grata sorpresa de que un grupo numeroso y creciente de feligreses reza el rosario.
Como en Arzúa se inicia realmente la penúltima etapa oficial de El Camino, se puede decir que en este preciso momento hemos acortado un día la duración total, de forma que la última etapa volverá a ser la oficial. Aunque el tiempo acompaña, el recorrido sigue siendo un continuo subir y bajar. Atravesamos pequeñas aldeas y bosques, plantaciones de todo tipo, prados, cruzamos alguna carretera, ríos y riachuelos, contabilizamos la población de babosas... y cada vez más cansados.
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| Fuente en Santa Irene |
Cuando llegamos a Salceda, con la esperanza de encontrar dónde comer, resulta que los niños van por delante y no responden al teléfono, así que hay que seguir. No será hasta A Brea cuando encontremos el sitio idóneo para comer (en O Mesón). Es domingo y en el bar unos cuantos hombres conversan mientras toman algo antes de irse a casa a comer. Tras reponer fuerzas, retomamos El Camino. Solo quedan unos 6 kilómetros, pero ya hace calor. A la entrada de Santa Irene nos desviamos cruzando un pequeño túnel bajo la carretera para visitar la ermita y la fuente barroca que hay a la entrada, donde descansamos unos minutos. Al llegar a la carretera que sube hasta Pedrouzo, cuando más cansados estamos, nos surge la duda de cómo llegar al albergue. Supongo que podría estar más claro.
Pero como ha quedado demostrado, al final querer es poder. El refugio (Otero) es bastante normalito, sin nada que destacar. Nos instalamos, nos duchamos, lavamos la ropa, que se acabará secando sin problemas. Luego nos tomamos unos merecidos refrescos en un bar del pueblo. Para cenar intentamos que nos atiendan, sin éxito, en la zona de restaurantes, así que acabamos alejándonos hasta encontrar un sitio más tranquilo. Allí nos ofrecen un menú aceptable, que disfrutamos especialmente recordando al chipirón de Molinaseca, episodios de Los Simpsons y Futurama. A pesar del calor del día, por la tarde empieza a refrescar y casi se agradece volver al refugio. A medida que nos acercamos a Santiago de Compostela y los peregrinos verdaderos se funden con los peregrinos turistas (siento decirlo tan claro, pero es así), la costumbre (norma) de apagar las luces a una hora se relaja cada vez más... en todo caso, cerca de las once ya no hay ruidos.




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