Es esta una de las etapas más cortas de El Camino. Quizá para recuperar fuerzas tras el notable esfuerzo de la anterior. Nos permitimos el lujo de levantarnos a las 5:45 y preparamos las mochilas con tranquilidad. Hemos decidido desayunar en el mismo O Cebreiro: el clásico café o cola-cao, según la edad, con tostadas.
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| Escultura de peregrino |
La vista del valle era más clara ayer, pero se agradece a esta temprana hora. Hace algo de viento, lo que provoca una sensación térmica de frío; sin embargo, las cuestas de los primeros kilómetros acaban haciendo desaparecer esa sensación. Hacia el km. 4, en el alto de San Roque, nos encontramos una bonita escultura de bronce de un peregrino avanzando contra el viento.
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| Iglesia de San Juán |
Atravesamos los pueblecitos de Hospital da Condesa y Padornelo, antes de llegar al pie del fuerte repecho que asciende hasta el Alto del Poio, lugar elegido por multitud de peregrinos y algún que otro turista para desayunar. Para qué negarlo, es una sorpresa: suele ser difícil encontrar donde desayunar. Seguimos El Camino hasta la localidad de Fonfría, en busca de un bar en el que nos han dicho que sirven unas deliciosas tortillas. Comprobamos que no le queda tortilla, pero sí una rica empanada que nos hace olvidar la tortilla.
También en este pueblo, como aventuraba la guía, aparece de improviso una señora que ofrece filhoas a los peregrinos, con ese extraño sistema de fijación de precios hipócritamente llamado a veces "la voluntad". Digo hipócritamente porque en realidad la señora espera una cantidad determinada, no lo que voluntariamente uno cree que debe dar.
A partir de aquí y hasta el final de la etapa El Camino es un descenso prácticamente continuo en el que se atraviesan pequeños pueblos, O Biduedo, Filloval y Ramil, casi todos ellos con fuente, algo que se echa de menos demasiadas veces.
Mucho antes que en otras etapas, llegamos al destino. Tras un primer intento de alojarnos en el albergue municipal, decidimos hacerlo en uno privado. Concretamente en el Aitznea, guiados por los buenos comentarios que hemos encontrado en los foros. Y así es, un albergue sencillo, pero al que no le falta nada. Incluso, dado que somos cinco, nos asignan una habitación pequeña, para seis, lo que es de agradecer. La sexta plaza se la asignan a una coreana que ni hace ruido ni ocupa lugar. Y por si fuera poco, comprobamos que come... ¡sopa de espinacas de sobre traída desde su tierra! Tal vez sea como la poción de Astérix y Obélix y por eso se la trae de tan lejos.
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| Iglesia de Santiago |
Nos adecentamos tranquilamente y nos vamos a comer al restaurante que hay más arriba en la misma calle. Comemos en la terraza, rodeados de ciclistas, peregrinos y algunos currantes del lugar. El menú es excelente. Por la tarde damos un primer paseo para visitar y sellar las credenciales en la Iglesia de Santiago. Después hacemos la compra de rigor. Como el albergue está bien acondicionado, nos permite cocinar, así que la cena consistirá en tortellini y fruta. Y como nos hemos olvidado algún que otro cargador y hay mucha demanda, también aprovechamos para comprar un segundo cargador megauniversal que resulta que carga casi cualquier cosa, que es lo que necesitamos (IPhone, IPod, cámara, Kindle...). Si buscamos algo asi por Internet, igual no lo encontramos.
Antes de irnos a descansar, nos damos un paseo para reconocer el trazado de El Camino en sus primeros metros, ya que desde aquí hay dos alternativas: vía Samos, que es la que hicimos en bicicleta en su día, y la que llaman de San Xil, que es la que elegimos esta vez. A la vuelta del paseo tenemos una interesante conversación con el alberguero sobre el espíritu con que entendemos que debería realizarse El Camino. Mientras tanto, Alex deja claro que tiene una pequeña gastroenteritis. Más tarde que otros días, a las 10:30, nos vamos a la cama.



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