jueves, 7 de julio de 2011

Etapa 6: Torres del Río - Logroño (20 km.)

San Fermín. Nos levantamos poco después de las 5:30, hacemos la mochila y a eso de las 6:00 ya estamos listos para el desayuno. Poco (nada) elaborado, pero es lo que hay. Tres euros no dan para mucho más.

Como en días anteriores, me inflo a hacer fotos en los primeros compases de Camino. Casi hace frío. Creo que vamos tan rápidos como el primer día. Y así, casi sin notarlo, llegamos a Viana, donde nos damos a la bollería y la fruta para compensar el exiguo desayuno (para lo que es el estándar en desayunos que sigue mi familia).

El Camino es un constante saludar a peregrinos, conocidos y no conocidos: los trillizos, Vicente y el de Pontevedra, Acho el coreano, la señora de Bilbao, las sin mochila y un montón más. Logroño aparece a la vista muchos kilómetros antes de llegar. Aún así hay que innovar tácticas de entretenimiento para los pequeños: nos dedicamos a contar de uno a diez en todos los idiomas que se nos ocurren... pasando del italiano al árabe o del alemán al chino... por decir algo.

A unos tres kilómetros de Logroño cambiamos de Comunidad, así que toca hacer la bobada de estar en un mismo día ocho veces en Navarra y ocho veces en La Rioja... como cuando era crío e íbamos a Portugal en busca de café barato... hay cosas que no cambian.

El Ebro a su paso por Logroño
Llegamos al Ebro y lo único que se me ocurre es que es un buen sitio para un empezar un triatlón (qué vicio). Sellamos en el local de los Amigos del Camino y poco después alcanzamos el callejón de entrada al albergue. Hay cola, ya que aún no han abierto, así que nos despedimos de unos cuantos peregrinos conocidos y, salvo cambio de planes, nos despedimos del Camino hasta el año que viene.

Nos vamos a la estación de autobuses a por los billetes de vuelta. No queda lejos. La mejor opción es volver a las 17:30 con la compañía PLM (que suponemos que será algo así como Pamplona-Logroño-Madrid, y si no, ya es casualidad), así que decidimos llamar a la familia. Afortunadamente están y, como podíamos prever, nos ofrecen su casa para todo. Nos duchamos como Dios manda y nuestros familiares merecen y, por si fuera poco, nos invitan a una comida pantagruélica, muy alejada de la frugalidad cisterciense, pero merecida, qué narices.

El viaje de vuelta hacia casa en autobús recorre al principio buena parte del Camino hasta Burgos, lo que viene a ser como un visionado en cámara rápida de las etapas que, Dios mediante, viviremos el año que viene.

miércoles, 6 de julio de 2011

Etapa 5: Estella - Torres del Río (27 km.)

En el albergue de Estella la luz no se enciende automáticamente como en otros albergues, de modo que hacemos la mochila sin apenas luz para no despertar al resto de peregrinos. Por eso, la salida se retrasa a las 6:35. Con buena temperatura y rodeados de peregrinos que han salido probablemente del albergue de Estella, enfilamos hacia el monasterio de Irache.

Lo de la fuente del vino es verdad. Cuando hicimos el Camino por primera vez no fuimos porque nos dijeron que el vino solo salía en las primeras horas de la mañana. Pero a estas tempranas horas fluye, y puede verse por Internet en una webcam. Y aunque no son horas de empinar el codo, no está mal el vinillo, no.

Pasamos por Azcueta sin ver señal alguna del tal Paco de las Varas, un personaje que hace varas para los peregrinos. Pero en cambio, sí vemos un jabalí cautivo en una cerca de una casa del pueblo. No es que guarde relación, es que llama la atención el bicho. A menos de dos kilómetros llegamos a Monjardín, donde damos cuenta del desayuno. A partir de aquí el Camino se hace largo, hay pocas sombras y cada vez hay menos anécdotas que contarles a los niños para entretenerlos (aunque siempre nos queda tararear el "Vamos al Lidl, Lidl... ¡sígueme!").

Poco después de las 12 llegamos a Los Arcos, recorremos la calle principal, tomamos unos refrescos y descansamos un rato al pie de la iglesia y la Puerta de Castilla. No hace mucho calor, afortunadamente, pero quedan ocho kilómetros hasta Torres del Río y hay que hacerlos. Así que nos ponemos a andar sin pensarlo más. En cabeza se forma un pelotón de tres que no busca, pero casi consigue, descolgar al resto de participantes. Y es que no hay ni una sombra, ni una fuente, ni un peregrino a la vista...

Por fin, pasadas las dos de la tarde llegamos a Sansol. Allí, un señor hace fotos a diestro y siniestro: ni Ley Orgánica de Protección de Datos, ni gaitas. Resulta que el personaje es famoso, ya que las publica a troche y moche en Internet. He aquí la prueba.

Y a un kilómetro de Sansol y bajando, por fin, Torres del Río. Al llegar nos encontramos caras conocidas. De hecho, celebramos una de las comidas más amenas de todo el Camino que llevamos, rodeados de buena gente y algún ciclista onubense que nos ha alcanzado y nos dejará atrás mañana. 

Después viene la sorpresa. Nos vamos hacia Casa Mari, donde hemos reservado habitación, pero hete aquí, mira tú, que se la ha dado a otro. A pesar de haber dado mi nombre, haber dicho que íbamos con niños (si no, seguramente no hubiera llamado) y haber dado con precisión matemática la hora de llegada. Muchas disculpas, pero iros a buscar alojamiento a otro sitio y si no lo encontráis, ya buscaremos algo. Afortunadamente lo encontramos. En apariencia tiene mejor aspecto e incluso es más barato (de hecho incluye desayuno), así que, ya alojados, hacemos uso intensivo de la lavadora y descansamos un rato.

Para terminar el día, salimos a dar un paseillo, hacer unas fotos de su espléndida iglesia octogonal y tomar algo. La primera vez que vinimos fue todo un descubrimiento. Buscamos a la señora para que nos abriera la iglesia y todo fue más sencillo. Ahora tiene su horario de apertura al público y, por supuesto, su precio de visita: son los tiempos que corren. Después, cenamos en el mismo restaurante en el que comimos y a eso de las diez de la noche ya estamos en posición horizontal, descansando para afrontar la última etapa de esta primera entrega. 

martes, 5 de julio de 2011

Etapa 4: Puente la Reina - Estella (24 km.)

Nos despertamos antes que ningún otro día, antes de las 6:00. Y a la media hora ya estamos bajando la pronunciada cuesta del cámping-albergue que nos lleva hasta el puente. Nuevas y tempranas fotos. Empezamos el Camino fresquitos y con buen ánimo.

La subida a Mañeru no tiene perdón: está claro que hace falta más ingenieros en el Camino. El pueblo es bonito, pero sin bar, o no lo encontramos, así que seguimos hasta Cirauqui. La vista a medida que te acercas es excepcional, con campos de girasoles y vides a ambos lados. Bar como tal no encontramos, pero sí una panadería. Plan B: comernos todo lo que llevamos, además de los bollos que podemos comprar en la panadería. Lo hacemos en unos soportales situados en lo más alto del pueblo. El desayuno sabe a gloria. Allí mismo ponemos el sello y llenamos la cantimplora para retomar el Camino.

Parece que hoy no nos pasan tantos peregrinos como en días anteriores. Quizá es que esta parte del Camino no es ningún paseo. Muchos ciclistas se paran en las subidas, sobre todo si van cargados, que algunos no lo van. Hasta muchos de los rapidillos nos pasan y volvemos a alcanzarles (como diría Perico Delgado, les pasamos continuamente).

En Lorca nos roban tres euros y pico por dos latas de coca-cola. Claro que la mayoría de la gente ayuda a los peregrinos, pero ladrones siempre habrá. En Bilatorta solo paramos unos minutos, tras tener conocimiento de un tal Veremundo, que fuera abad de Irache y que hizo mucho por los peregrinos, según leemos en una placa.

El tramo final hasta Estella se hace duro, por el calor sobre todo, pero también por la pendiente y la ausencia de referencias: ¿dónde está Estella? Al final, a eso de las 12:15, Estella aparece por fin. Breve descanso para enfirlar hacia el albergue de Ayegui, situado a un par de kilómetros del de Estella. Somos los primeros en llegar y elegimos camas.

Tras el descanso, nos vamos a llenar el estómago al restaurante San Cipriano, recomendado por el alberguero (que seguro que no era ibérico...). Y vaya si es una buena recomendación. Cómo un menú sencillo puede ser tan rico y sentar tan bien. No puedo evitar recordar al borde del cámping de Puente la Reina o al ladrón de Lorca: el contraste con la sonrisa y amabilidad de la pareja que llevar el restaurante San Cipriano es total. Lástima no poder volver allí para cenar, pues ese día cierran a la tarde por descanso.

Vuelta al albergue a dormir una siestecilla. Tras la cual seguimos siendo los únicos peregrinos aún. Situado en un polideportivo, es menos cómodo que albergues anteriores (no podemos, por ejemplo, lavar y tender la ropa), pero estamos fresquitos y tranquilos. Descansados, nos vamos a comprar la cena en un supermercado de la universalmente famosa cadena Simply, y a dar un paseito por Estella. Es más grande de lo que pensaba. Vemos muchos peregrinos paseando por sus calles. De vuelta, cena y un ratito de partido de pelota vasca con palas en directo. A las 22:15, toque de queda.

lunes, 4 de julio de 2011

Etapa 3: Cizur Menor - Puente la Reina (19 km.)

A las 6:00, todos arriba. Somos los últimos de la habitación. Hasta los conichiguas se han pirado. Desayunamos en el albergue, según lo previsto.

Ya de camino, marcha total durante los primeros kilómetros: la pequeña y el que suscribe canturrean canciones de todo género y época entre campos de girasoles. Probablemente gracias a ello, la subida hacia el Alto del Perdón parece menos dura de lo que la pintan para el rosario de peregrinos que allí coincidimos. Algunos (los vascos) parece que llevan prisa. En el Alto nos hacemos varias fotos con el curioso monumento que allí hay.

Cuando estamos reponiendo fuerzas llega una furgoneta conducida por un individuo de color y nos entrega propaganda de uno de los refugios de Puente la Reina. Me parece un poco triste... o quizá no. Empezamos a descender por un pedregal sumamente incómodo, tras el cual vamos atravesando un pueblo tras otro, con escasas paradas. El resultado es que a las 12 estamos llegando al destino de la jornada, pero fundidos. A lo que contribuye haber desayunado tan pronto.

Llegamos a Puente la Reina y nos vamos directos al refugio recomendado por Maribel. Es un cámping pasado el puente y tras una considerable cuesta arriba. De hecho es el que anunciaba el personaje del Alto del Perdón. Ciertamente todo está en buen estado y resulta agradable. El que nos atiende, eso sí, es un borde de cuidado. Da la sensación de que te hace un favor cuando te atiende. Descansamos un poco y decidimos comer de menú, seguido de una merecida siesta.

A las 18:30 nos bajamos al pueblo, hacemos las fotos de rigor y compramos la cena y el desayuno del día siguiente. Mi señora está fastidiada por los excesos del día, yo sigo con mis gemelos cargados, pero los pequeños no solo no se quejan: no paran. De vuelta al cámping-albergue disfrutamos del hermoso y emblemático puente medieval. La cena sabe a gloria y volvemos a dormir como auténticos lirones una noche más.

domingo, 3 de julio de 2011

Etapa 2: Larrasoaña - Cizur Menor (20 km.)

Con el mismo plan del día anterior nos ponemos en marcha, desayunar después de recorrer unos 10 kilómetros, pero pertrechados esta vez de unas sabrosas galletitas. Imposible otro plan, porque en Larrasoaña no hay sitio donde desayunar a esas horas (hay máquinas de café y bollería, lo que faltaba).

Se nota que estamos menos frescos que el primer día. El Camino tiene un largo tramo al borde del río Arga. También vemos muchos ciclistas, quizá porque es domingo. En el descenso hacia Arre aparece la lluvia, pero es muy débil. Aún así, la pequeña estrena la capa (le pirra todo lo que sea estrenar ropa, aunque sea un simple chubasquero).

Tras cruzar el puente que termina en el albergue de la Trinidad de Arre, cerca del cual hay un batán, enfilamos la calle principal de Villaba y llegamos por fin al merecido desayuno. Rico, rico. Y añadimos un nuevo sello en un bar de la calle Mayor. Ya solo quedan 5 kilómetros para Pamplona. El mayor nos avisa de que pasamos cerca de la casa natal de Miguel Induráin. Nos cuadramos en homenaje al más grande ciclista que hemos tenido y seguimos Camino.

Puente de la Magdalena
Los nenes se empiezan a quejar de aburrimiento, pero ellos dicen que les duelen los pies, así que aplicamos la técnica del efecto placebo y les cambiamos el calzado por las chanclas. Mano de santo (¿o pie de santo?). El Camino en Pamplona no tiene pérdida en ningún momento: basta no dejar de mirar al suelo. Entramos en el caso antiguo por el puente de la Magdalena y la Puerta de Francia. Dedicamos un rato a pasear por Pamplona, visitar la capilla de San Fermín en la iglesia de San Lorenzo. Vemos una carrera corta cuyo recorrido parece coincidir con el recorrido de los encierros, aunque es más corta (900 metros). Faltan pocos días para las fiestas. Me plantean participar, pero dudo que con botas y mochila vaya a hacerlo bien. Y tras engullir unos bocatas de jamón ibérico salimos hacia Cizur Menor. Son las 14:30.

Aunque hace calor, consigo que la grupeta acelere para reducir el riesgo de no encontrar plaza en el albergue si nos alcanzan los peregrinos que nos siguen. Es una broma, a esas horas no hay problema de ningún tipo. Además, hay dos albergues: el de Maribel y el de la Orden del Malta. El de Maribel es más caro, pero qué narices, que no se respire pobreza. Nos aseamos y compramos el desayuno del día siguiente. Esta vez vamos a probar a desayunar antes de comenzar a andar, pues nos avisan de que no hay donde desayunar hasta bien pasado el Alto del Perdón.

Ya en el agradable patio del albergue, departimos con otros peregrinos. Uno de ellos es una valenciano maratoniano (maratón de Nueva York incluido). Conversación asegurada. Después encargamos unas pizzas en un Domino's Pizza de Pamplona para cenar. Mientras tanto, la pequeña se ha hecho experta en alimentar tortugas agresivas, poner cordones y curar ampollas (un detalle de la alberguera ampliamente agradecido por todos). Llueve un rato, cenamos y a la cama.

sábado, 2 de julio de 2011

Etapa 1: Roncesvalles - Larrasoaña (27 km.)

Nuestro viaje comienza con un tren de bastante velocidad que nos lleva desde la estación de Guadalajara-Yebes hasta Pamplona. La estación de Guadalajara-Yebes es muy triste, deprimente. Nosotros somos cuatro. Solo hay dos personas más. Hasta el detector de la entrada está deprimido: no detecta ni las tijeras ni la navaja (se ve que solo funciona con katanas y granadas de mano).

Ya en el tren, procedente de Madrid, un señor despatarrado en nuestros asientos se queja porque le pedimos que ahueque el ala. No nos dan auriculares, así que toca ver la peli en modo mudo. Eso sí, antes de llegar a Pamplona, con motivo de los sanfermines, RENFE nos regala cuatro abanicos para cargar con ellos durante seis días (la azafata está tan sorprendida como nosotros de que RENFE regale algo).

Cien metros antes de la llegada, se va la luz y el tren se para. La mitad de los vagones tiene andén, el resto no. Tras varios minutos de espera, un operario recorre el tren abriendo las puertas a mano. 

El taxista que habíamos reservado es majísimo. De camino hacia Roncesvalles nos lleva por la casa natal de Induráin y nos cuenta unos cuantos chismes de su familia. La temperatura baja más de 10 grados entre Pamplona y Roncesvalles. El taxista nos ofrece subir hasta Ibañeta para ver el mar, pero es tarde y estamos cansados.

El refugio está muy bien. Habíamos reservado por internet y no hay problemas. Eso sí, el recepcionista no habla español: alemán e inglés, a elegir. Al reservar ya habíamos comprobado que este Camino ya no es el de hace 15 años: 10 euros por cabeza. Incluso creo recordar que la compostela era gratuita entonces. Ya no. Comemos un menú del peregrino en Casa Sabina: otros 10 euros por cabeza. Y a las 10, con puntualidad germana, fuera luces y a dormir.

A las 6:00 se encienden las luces y a las 6:39 echamos a andar con la fresca. No llevamos desayuno, con la expectativa de hacerlo después de unos kilómetros. En Burguete hay un solo bar abierto y está hasta las trancas. Así que decidimos seguir. En Espinal no hay nada abierto. El fantasma de la muerte por inanición empieza a planear sobre nuestras mochilas. Pero en Biscarreta encontramos el paraíso, en la forma de Bar Juan. Allí nos atizamos el merecido desayuno, rodeados de gatos y peregrinos.

Con la tripa en paz, vamos reconociendo tramos que hicimos hace unos años, mientras veraneábamos en Saragüeta, hasta que a eso de las 12:30 llegamos a Zubiri. Cruzamos el Puente de la Rabia al ritmo de tambores (un grupo ensayando) y encontramos un rincón fresquito y con agua. Vemos que el pueblo ha cambiado bastante desde la última vez que estuvimos por allí. Tomamos unos bocadillos, fruta, agua fresquita, un café y helados. Y descansandos, volvemos a cruzar el puente, camino de Larrasoaña.

El tramo de Camino paralelo a la empresa Magna es el único desagradable del día, a lo cual contribuye sin duda el calor de la hora. Nos damos un respiro en Ilarratz, donde tomamos agua fresquita a la sombra de un soportal.

Cuando llegamos a Larrasoaña, el refugio ya está lleno, pero nos dicen que van a abrir la planta superior, que destinan a las urgencias. Nos dan una habitación de dos literas. Eso garantiza que el nivel de ronquidos serán inferior al habitual. Dejamos el equipaje y nos vamos a descansar los pies en el río Arga ¡qué relax! Volvemos al refugio, nos duchamos, lavamos la ropa y ponemos rumbo directo hacia unas jarritas de cerveza (los adultos, claro).

A las 8:30, cena de peregrino a base de macarrones picantes y vino de la tierra. La pequeña, de morros por el picante. A las 7:00 hay que reservar, pero a las 8:30 no. La razón es obvia: hay casi más guiris que cristianos.

De vuelta al albergue, el antiguo alberguero nos invita a ver su pequeño museo sobre el Camino. Caigo en la cuenta de que la placa de homenaje que había a la entrada del albergue era en su honor. Santiago Zubiri. Además de alberguero, fue alcalde del pueblo. Ahora se dedica a enseñarle a los peregrinos un montón de pequeños recuerdos: libros de firmas, premios, docenas de regalos (como un pequeño belén a base de cerillas), sus dos compostelas... por cierto, muchos de los sellos casi se han desvanecido a causa de su exposición a la luz.

Y a las 10:30 ya estamos en posición horizontal. Esta noche ya hace calor...