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lunes, 25 de junio de 2012

Etapa 14: Boadilla del Camino - Carrión de los Condes (25 km.)

La gente se asusta con el calor y se levanta a las 5 de la mañana. No me importaría en absoluto si no fuera porque te despiertan. Y más si has cometido el error de elegir tu litera al lado de la puerta del aseo. Habíamos planeado desayunar en el albergue (dado que no queremos correr de nuevo el riesgo de desayunar mal un día más), así que no te levantas antes, pero tampoco duermes más.

Desayunamos con las bromas del alberguero y una docena de guiris. No hay conchas de chocolate industrial, así que me como las tostadas de Esti y todos tan contentos. A las 6:37 estamos saliendo del pueblo. Pronto llegamos al Canal de Castilla. El sol ya ha aparecido (detrás de nosotros, como es lógico). El paseo es muy agradable, aunque abundan los mosquitos y resultan a veces molestos.

Esclusas en Frómista
Llegamos a Frómista y nos entretenemos unos minutos con las esclusas. El plato fuerte es, como siempre que pasamos por aquí, San Martín de Frómista. Nos hacemos multitud de fotos y le dedicamos un buen rato... pero no aparece ni un peregrino. La mayoría pasa de largo. O no tienen guía o no tienen alma. Antes de dejar el pueblo compramos una barra de pan en una especie de bar a un señor que parece que te hace un favor vendiéndote una barra de pan a un euro.

A partir de aquí, la etapa es monótona: campos de cereal y pueblos apellidados "de Campos": Población, Revenga y Villarmentero. En Revenga de Campos paramos a descansar mientras nos comemos unos bocadillos que saben a gloria. En Villarmentero hay un refugio con tiendas indias (tipis) que no pegan ni con cola. Habíamos leído malos comentarios y estamos de acuerdo: comprobamos que el estado del aseo es asqueroso.

Villalcázar de Sirga
Seguimos adelante hasta llegar a Villalcázar de Sirga (Villasirga). En el bar de la plaza nos tomamos unos refrescos y unos helados. También nos atiende alguien que rebosa el mismo encanto que el de horas antes en Frómista. Con lo fácil que es sonreirle a la gente. Y gratis.

La iglesia da la misma impresión que la primera vez que la vimos: formidable, exagerada para un pueblecito normal. La diferencia es que ahora cobran por su visita. A mi sigue sin cuadrarme mucho que cueste dinero entrar en la Casa de Dios, pero como hay crisis... Lo mejor que es que a mi me quitan la duda de si entrar o no. De momento hacemos las fotos de rigor (de momento fotografiar iglesias es gratis) y enfilamos el tramo final del día, hasta Carrión de los Condes.

Patio del Monasterio de Santa Clara
En este tramo nos adelantan muchas bicis, alguna va de competición; si no, no se explica semejante griterío para que nos apartemos. Ya en Carrión de los Condes, buscamos alojamiento en el Monasterio de Santa Clara. El patio de la entrada es muy bonito. La toma de contacto es toda muy automática: nos recibe un autómata, con apariencia de señor, que nos toma los datos, nos cobra, nos muestra nuestra habitación y nos enumera las reglas de comportamiento en perfecta secuencia. Después comprobamos que dice y hace exactamente lo mismo con todos los peregrinos que van llegando, incluso en inglés. Pero no parece peligroso.

El albergue es sencillo, sin lujos, más auténtico que la mayoría. Cogemos una habitación para cuatro. La cocina tiene microondas, así que decidimos comer de menú, pero cenar en el albergue. Tras descansar unas horas a la hora de mayor calor, nos vamos a dar un paseo y hacer las compras. Comprobamos que Carrión tiene muchos bancos, pero ni un solo BBVA.

Ya de vuelta al albergue, la cena resulta un éxito (lasaña, ensalada, fruta...). Y antes de irnos a la cama, la americana del ukelele y David nos entretienen en el patio del Monasterio improvisando una canción (cutre total) de cuya letra no quiero acordarme, que es tarde.

domingo, 24 de junio de 2012

Etapa 13: Hontanas - Boadilla del Camino (29 km.)

Aunque la noche es tranquila, la peque acaba pidiendo cambio de litera, porque los bellos durmientes que lindan con ella roncan. Más precisamente, según le contaría más tarde a su abuela, roncaban como osos.

A eso de las 5:30 empiezan a desfilar los primeros peregrinos. Nosotros decidimos no esperar hasta las 6:00 como habíamos previsto. Y a eso de las 6:20 estamos ya en marcha. No hace tanto frío como ayer en Burgos, pero se sigue agradeciendo la ropa de abrigo.Hoy sí coincidimos con bastante peregrinos, aunque sin llegar a la exageración que vivimos el pasado puente del mes de Mayo.

Hospital de San Antón
En cosa de una hora pasamos frente al Hospital de San Antón, que no parece más deteriorado que cuando lo vimos por primera vez hace más de quince años. Un americano (de Florida, nos cuenta) me pide que le haga una foto con el fondo de la que debió ser una portada majestuosa y hoy es casi el arcén de una carretera (este país es de película).

Unos kilómetros más tarde llegamos a Castrojeriz, pueblo alargado como una serpiente al pie de la elevación en la que campea el castillo, en aparente restauración. Volvemos a picar otra vez: uno piensa que debería haber algo abierto donde tomar un café, pero no es así. Yo no lo entiendo bien. Castrojeriz no es un pueblo de cuatro casas ¿cómo es posible que nadie pueda madrugar para sacarse unos euros seguros ofreciendo un desayuno normalito a los peregrinos?

Toca desayunar lo que (afortunadamente) habíamos previsto para tal eventualidad. Aunque no es un desayuno como el que merecemos. Incluso el agua de la fuente que hay a la salida del pueblo tiene un sabor inaceptable. Aprovechamos para adoptar la configuración de "modo calor" (manga corta, protector solar, gafas y gorra) y enfilamos hacia el puente sobre el río Odra.

Teso de Mostelares
Este puente antecede a la tachuela del Teso de Mostelares, que salva unos 130 metros de desnivel con una pendiente media del 11% (en la bajada posterior indica 18%). Aún no hace mucho calor afortunadamente. Después de unas fotos arriba, seguimos adelante. Atrás quedaron las vides de La Rioja. El paisaje comienza a ser el de Tierra de Campos cien por cien: cereal, cereal y cereal. La monotonía solo la rompe algún coche que deja una polvareda a su paso por las pistas.

Llegamos a la Fuente del Piojo, donde hay un agradable merendero con sombra, agua de calidad y un par de señores que venden fruta a cambio de la voluntad. Les pregunto si venden pan, pero como es Domingo, no tienen para vender (otra cosa que no entiendo si tan en crisis estamos). Pero estas buenas personas me ofrecen un trozo de lo que reservan para su comida. 

Repuestas las fuerzas, enfilamos hacia el puente que cruza el río Pisuerga. Dejamos así la provincia de Burgos y entramos en la de Palencia. El primer pueblo es Itero de la Vega, donde nos metemos en un bar para refrescarnos y dar cuenta de un bocadillo vegetal. A la salida, se establece una lucha incruenta entre Alex y yo a ver a quien le dura más en la boca el hielo de la coca-cola. Gana Alex.

Campos de cereal
A partir de Itero de la Vega quedan aún 8 kilómetros de campos de cereal y calor. Al cruzar el canal del Pisuerga nos encontramos con la señora que me intentaba convencer de que era mejor dejar el último tramo de la etapa para la tarde: consecuente con ello, descansaba a la sombra de uno de los pocos árboles que hay en esta etapa. Tras un último repecho y un breve descanso, enfilamos hacia el final de la etapa: Boadilla del Camino.

Rollo judicial
Nos alojamos en el albergue privado "En el Camino", donde ya estuvimos comiendo hace muchos años mi mujer y yo, cuando aún no era albergue. Tiene piscinita y todo está muy bien cuidado. El posadero es un cachondo. Las caras de los peregrinos empiezan ya a sonarnos, pero españoles hay muy poquitos.

Comemos, descansamos y cenamos en el albergue. Lo más relevante del pueblo es el rollo judicial, del siglo XV. Y lo tenemos enfrente de la puerta del albergue, así que no necesitamos dar un paseo por el pueblo, nos basta con relajarnos un ratito en la piscina. Hoy juega Italia, que también se clasifica. Aunque de eso nos enteramos al día siguiente.