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sábado, 30 de junio de 2012

Etapa 19: San Martín del Camino - Astorga (24 km.)

A las 5:30 en pie por última vez. De nuevo batimos nuestro récord y a las 5:54 estamos en faena. Es difícil encontrar las flechas amarillas porque apenas hay luz. El ritmo es excelente: más 5 km/h. Nos reimos recordando al parao, al que hemos dejado en el albergue con su linterna foco-de-barco y su pedazo mochila con capacidad para un cadáver. Adelantamos a una peregrina oriental y en poco más de una hora ya estamos en Hospital de Órbigo, con su espectacular puente medieval y la leyenda de El Passo Honrosso.

Puente sobre el Río Órbigo
Justo al salir del puente encontramos un bar donde desayunar, que acaba de abrir. Menos mal, porque aunque el pueblo no es pequeño, no parece tener nada abierto. Una vez desayunados razonablemente (a un precio de terraza del Paseo de la Castellana) terminamos de atravesar el pueblo. Al final del mismo se nos ofrece la alternativa que esperábamos. Elegimos la más larga (un kilómetro más), porque se aleja de la carretera.

En poco espacio atravesamos un par de pueblo tranquilos, con algunos chalets de última generación. En Villares vemos la simpática fachada del albergue, y en Santibáñez lo que nos soprende es la fachada de la iglesia, con una especie de garita al lado. A continuación, el Camino sube y baja hasta llegar al crucero de Santo Toribio, desde el cual se ven Astorga, el Teleno, etc. Hacemos un último descanso y jugamos a ver quién tiene mejor tino lanzando piedras. Esta vez gano yo. La fuerte bajada nos pone enseguida en San Justo de la Vega, donde la iglesia está dedicada a los santos Justo y Pastor (como la magistral de Alcalá).

Aún quedan unos kilómetros para llegar al final de la etapa. El puente que cruza la vía es sencillamente horroroso. Afortunadamente Astorga es una ciudad muy bonita: la catedral, el palacio episcopal, el ayuntamiento... Una vez comprados los billetes de vuelta a casa en la estación de autobuses, buscamos un bar donde comer: acabamos tomando una ración de patatas al ali-oli y unos pinchos de tortilla que saben gloria. Después hacemos unas comprillas de productos típicos del lugar (legumbres, chocolate, pastas, etc.) y tras un descanso (menos llamativo que el de los de la foto) nos repanchingamos en el autobús, que llega de Santiago y sale puntual camino de casa.

viernes, 29 de junio de 2012

Etapa 18: León - San Martín del Camino (26 km.)

Son las 5 y media. Nos despertamos remoloneando, sin demasiadas ganas, y es que hemos disfrutado de una noche de perfecto y merecido descanso. El desayuno está listo y en cuarenta segundos y en nuestros estómagos en quince minutos. Así que bien pronto estamos pateando León, rodeados de mozos y mozas que vuelven de la fiesta local. Por cierto, una estadística a ojo: el porcentaje de borrachos es notablemente inferior que el presenciado en Burgos.

Convento de San Marcos
Nos hacemos unas fotos en la plaza de San Marcos, donde coincidimos con otra familia que tiene un niño de 11 años, haciendo también el Camino por fases. Salir de León no es más agradable que entrar, pero al menos no están cansado ni hace tanto calor. De hecho, la chaqueta de manga larga no sobra. En la primera bifurcación que ofrece esta etapa optamos por ir hacia Valverde de la Virgen y San Miguel del Camino, un camino mucho más urbano, con la expectativa de encontrar sitios agradables donde repostar, pero no tenemos éxito.

Aún así, esta alternativa nos permite tener conocimiento de don Agapito, un personaje que obsequia a los peregrinos con galletas, caramelos, snacks, etc. No llegamos a conocerlo, pero solo por ese sencillo gesto le quedamos agradecidos (además, nos quedaba medio brick de leche que combina perfectamente con las galletas María Fontaneda). Rellenamos el estómago con unos cuantos panchitos y enfilamos hacia Villadangos del Páramo, siempre paralelos a la N-120.

Es una etapa bastante fea esta. Como siempre, el pueblo parece que se aleja cuanto más andas, pero al final lo alcanzamos. A la entrada del pueblo nos sentamos para darnos un respiro, antes de acometer el último tramo de la etapa. Mientras descansamos, vemos de todo: nos adelantan los minusválidos acompañados por los de la camiseta 42195.es, con los que ya coincidimos en Carrión de los Condes, por la carretera pasan varios camiones de largo especial, portando unos enorme depósitos curiosísimos, y también pasan media docena de corredores, que intuimos que están haciendo el Camino a la carrera (hace años me rondaba esta idea, ahora me parece una memez... lo siento, me hago mayor).

Y un último avistamiento de interés notable: un cartel que anuncia una tienda con dulces, bollería... pregunto y al poco nos encontramos frente a unas deliciosas napolitanas no industriales. Compramos y nos ponemos en marcha, y a los cinco minutos ya nos estamos arrepintiendo de no haber comprado más, de lo ricas que están. Sin mucha novedad, llegamos a San Martín del Camino.

Elegimos el albergue Santa Ana, en ausencia de criterio. Es normalito. Sigo sin entender que haya albergues sin ciertos detalles obvios: ¿dónde cuelgo la ropa limpia que me pondré tras ducharme? ¿dónde dejo la que me quito? ¿dónde dejo el champú? ¿en el suelo? Que haya que hacer malabarismos cada vez que te duchas es mal síntoma. O que vayas a tender ropa y no haya ni una pinza. Por lo demás, el menú está muy rico, las cerezas del cerezo deliciosas y las literas son de dos metros (no todas lo son).

Después del descanso vespertino, compramos la cena en la tienda local: no hay mucho que elegir y el pan se ha acabado en la panadería, pero queda lo suficiente para llenar el buche antes de meterse en el sobre.