sábado, 30 de junio de 2012

Etapa 19: San Martín del Camino - Astorga (24 km.)

A las 5:30 en pie por última vez. De nuevo batimos nuestro récord y a las 5:54 estamos en faena. Es difícil encontrar las flechas amarillas porque apenas hay luz. El ritmo es excelente: más 5 km/h. Nos reimos recordando al parao, al que hemos dejado en el albergue con su linterna foco-de-barco y su pedazo mochila con capacidad para un cadáver. Adelantamos a una peregrina oriental y en poco más de una hora ya estamos en Hospital de Órbigo, con su espectacular puente medieval y la leyenda de El Passo Honrosso.

Puente sobre el Río Órbigo
Justo al salir del puente encontramos un bar donde desayunar, que acaba de abrir. Menos mal, porque aunque el pueblo no es pequeño, no parece tener nada abierto. Una vez desayunados razonablemente (a un precio de terraza del Paseo de la Castellana) terminamos de atravesar el pueblo. Al final del mismo se nos ofrece la alternativa que esperábamos. Elegimos la más larga (un kilómetro más), porque se aleja de la carretera.

En poco espacio atravesamos un par de pueblo tranquilos, con algunos chalets de última generación. En Villares vemos la simpática fachada del albergue, y en Santibáñez lo que nos soprende es la fachada de la iglesia, con una especie de garita al lado. A continuación, el Camino sube y baja hasta llegar al crucero de Santo Toribio, desde el cual se ven Astorga, el Teleno, etc. Hacemos un último descanso y jugamos a ver quién tiene mejor tino lanzando piedras. Esta vez gano yo. La fuerte bajada nos pone enseguida en San Justo de la Vega, donde la iglesia está dedicada a los santos Justo y Pastor (como la magistral de Alcalá).

Aún quedan unos kilómetros para llegar al final de la etapa. El puente que cruza la vía es sencillamente horroroso. Afortunadamente Astorga es una ciudad muy bonita: la catedral, el palacio episcopal, el ayuntamiento... Una vez comprados los billetes de vuelta a casa en la estación de autobuses, buscamos un bar donde comer: acabamos tomando una ración de patatas al ali-oli y unos pinchos de tortilla que saben gloria. Después hacemos unas comprillas de productos típicos del lugar (legumbres, chocolate, pastas, etc.) y tras un descanso (menos llamativo que el de los de la foto) nos repanchingamos en el autobús, que llega de Santiago y sale puntual camino de casa.

viernes, 29 de junio de 2012

Etapa 18: León - San Martín del Camino (26 km.)

Son las 5 y media. Nos despertamos remoloneando, sin demasiadas ganas, y es que hemos disfrutado de una noche de perfecto y merecido descanso. El desayuno está listo y en cuarenta segundos y en nuestros estómagos en quince minutos. Así que bien pronto estamos pateando León, rodeados de mozos y mozas que vuelven de la fiesta local. Por cierto, una estadística a ojo: el porcentaje de borrachos es notablemente inferior que el presenciado en Burgos.

Convento de San Marcos
Nos hacemos unas fotos en la plaza de San Marcos, donde coincidimos con otra familia que tiene un niño de 11 años, haciendo también el Camino por fases. Salir de León no es más agradable que entrar, pero al menos no están cansado ni hace tanto calor. De hecho, la chaqueta de manga larga no sobra. En la primera bifurcación que ofrece esta etapa optamos por ir hacia Valverde de la Virgen y San Miguel del Camino, un camino mucho más urbano, con la expectativa de encontrar sitios agradables donde repostar, pero no tenemos éxito.

Aún así, esta alternativa nos permite tener conocimiento de don Agapito, un personaje que obsequia a los peregrinos con galletas, caramelos, snacks, etc. No llegamos a conocerlo, pero solo por ese sencillo gesto le quedamos agradecidos (además, nos quedaba medio brick de leche que combina perfectamente con las galletas María Fontaneda). Rellenamos el estómago con unos cuantos panchitos y enfilamos hacia Villadangos del Páramo, siempre paralelos a la N-120.

Es una etapa bastante fea esta. Como siempre, el pueblo parece que se aleja cuanto más andas, pero al final lo alcanzamos. A la entrada del pueblo nos sentamos para darnos un respiro, antes de acometer el último tramo de la etapa. Mientras descansamos, vemos de todo: nos adelantan los minusválidos acompañados por los de la camiseta 42195.es, con los que ya coincidimos en Carrión de los Condes, por la carretera pasan varios camiones de largo especial, portando unos enorme depósitos curiosísimos, y también pasan media docena de corredores, que intuimos que están haciendo el Camino a la carrera (hace años me rondaba esta idea, ahora me parece una memez... lo siento, me hago mayor).

Y un último avistamiento de interés notable: un cartel que anuncia una tienda con dulces, bollería... pregunto y al poco nos encontramos frente a unas deliciosas napolitanas no industriales. Compramos y nos ponemos en marcha, y a los cinco minutos ya nos estamos arrepintiendo de no haber comprado más, de lo ricas que están. Sin mucha novedad, llegamos a San Martín del Camino.

Elegimos el albergue Santa Ana, en ausencia de criterio. Es normalito. Sigo sin entender que haya albergues sin ciertos detalles obvios: ¿dónde cuelgo la ropa limpia que me pondré tras ducharme? ¿dónde dejo la que me quito? ¿dónde dejo el champú? ¿en el suelo? Que haya que hacer malabarismos cada vez que te duchas es mal síntoma. O que vayas a tender ropa y no haya ni una pinza. Por lo demás, el menú está muy rico, las cerezas del cerezo deliciosas y las literas son de dos metros (no todas lo son).

Después del descanso vespertino, compramos la cena en la tienda local: no hay mucho que elegir y el pan se ha acabado en la panadería, pero queda lo suficiente para llenar el buche antes de meterse en el sobre.

jueves, 28 de junio de 2012

Etapa 17: El Burgo Ranero - León (37 km.)

Tocamos diana de nuevo a las 5:30. Con más razón que ningún otro día, ya que hoy disputamos la etapa reina del Camino. Hemos dormido menos de la cuenta a causa del partido de fútbol y el calor, pero no hay excusa. Es casi imposible llegar antes de la comida, así que planeamos comer en Puente Villarente y descansar un rato para llegar por la tarde a León. No necesitamos albergue, ya que hemos reservado habitación en un apartotel: un pequeño homenaje para la escuadra de peregrinos complutenses.

Albergue de Reliegos
Empezamos con un pequeño error: a los 20 minutos de caminata me doy cuenta de que nos hemos dejado los plátanos en el albergue. Me vuelvo a por ellos corriendo: son dos kilómetros y pico más entre ida y vuelta. Me cruzo con algunos peregrinos que supongo que pensarán que no estoy en mis cabales (es de noche). Una vez recuperada la fruta, seguimos la hilera de falsos plátanos entre campos de regadío, cruzamos la vía del tren y llegamos a Reliegos (unos 13 km.), donde habíamos previsto desayunar. Cumplimos con el plan. Este pueblo, con casas cueva y cuyo albergue tiene una fachada muy alegre, se hizo famoso en su día porque le cayó un meteorito de 9 kilos, menudo susto si alguien lo vio caer.

En Reliegos nos encontramos con David y Carlo, y con ellos hacemos los siguientes 6 kilómetros, a toda mecha, hasta Mansilla de las Mulas. Vamos increiblemente bien de tiempo y de ánimo. Sellamos en el ayuntamiento esperando que el sello sea el mismo que nos pusieron la primera vez, pero el sello es más soso. Descansamos un rato en la plaza. Este pueblo es muy agradable y merece una visita porque tiene (restos de) muralla, con varias torres y puertas, iglesias, el puente sobre el Esla. 

Entrada más que peligrosa
Tras cruzar el Esla nos metemos en una recta paralela a la carretera N-601 poco (o nada) agradable. Observamos que las acequias pierden agua en muchas de sus juntas. Así nos va. Empieza a hacer calor, pero no tanto como en días anteriores. El ritmo es de 12 minutos y medio por kilómetro, que no está nada mal. Al final llegamos a Puente Villarente. Se entra por un puente sobre el río Porma tremendamente peligroso, como puede verse. Según leo, el puente para los peregrinos estaba previsto que se terminara en 2010. Estamos en 2012 y lo único que se ve son obras: quizá en 2014.

Pensábamos comer aquí, pero es pronto, así  que decidimos comprar la comida y seguir hasta el área de descanso que hay a unos 4 kilómetros, en Arcahueja. También compramos unos pasteles para celebrar el cumpleaños de la abuela. Sabia decisión: el área tiene sombra, sopla un viento que reduce la sensación de calor y la comida sabe a gloria. Mientras descansamos, pasan muchos peregrinos. Además, ya solo quedan 8 kilómetros hasta León.

Catedral de León
Sin embargo, lo peor del Camino son las entradas y salidas de las grandes ciudades. Y León no es excepción. Además, la impresión es que es una ciudad mucho menos cuidada que Burgos o Pamplona. Seguimos el Camino oficial hasta la Catedral, donde descansamos y nos hacemos las fotos de recuerdo correspondientes, también sellamos la compostela y nos encaminamos definitivamos hacia el apartotel.

Como tenemos mesa y silla, decidimos comprar en el Mercadona de al lado la cena y desayuno del día siguiente. No podemos lavar (no da tiempo a secar la ropa), pero tenemos todas las comodidades soñadas: Internet, Bob Esponja en la tele, una cena que sabe a gloria, la cerveza fresquita, el melón correcto, Italia gana a la Merkel 2-0... ya solo quedan dos etapas más por esta vez.

miércoles, 27 de junio de 2012

Etapa 16: Terradillos de los Templarios - El Burgo Ranero (31 km.)

Como el refugio estaba bastante vacío, hoy ha sido la primera vez que nos despertamos y dejamos el refugio sin ver casi a nadie. Y también porque hemos decidido salir cuanto antes y desayunar en Sahagún, dado el más que probable calor que va a hacer.

Pero el calor no va a ser el protagonista hoy. Afortunadamente está nublado y el sol no se deja ver apenas. Al menos hasta el mediodía. Además, sigue soplando un airecito que ayuda sobremanera a hacer la etapa cómoda. Y por si esto fuera poco está el largo paseo de falsos plátanos, que dan sombra de forma intermitente, lo que es un lujo si se compara con la ausencia casi total de sombra en las etapas previas.

SanTirso
Por Moratinos y San Nicolás pasamos con buen paso, intentando ganarle tiempo al calor. Y así llegamos al límite de la provincia de Palencia. Dejar León nos llevará mucho más tiempo: es la provincia con más kilómetros de Camino de Santiago. Aparece Sahagún a lo lejos, pero no nos dejamos engañar: tardaremos cerca de una hora en llegar. Nos hacemos unas fotos en el puente que precede a la ermita de la Virgen del Puente (muy propio).

Aunque no hay pérdida, el GPS nos confirma que estamos cerca de un BBVA (alta prioridad, ya que nos estamos quedando sin blanca: en los pueblos no hay cajeros y no suelen aceptar tarjetas). Cruzada la vía del tren, el primer bar que encontramos está tomado por peregrinos, la mayoría conocidos. Es un acierto, porque ofrecen un desayuno razonablemente completo a un precio muy asequible.

Mitad del Camino
Una vez reconfortados, seguimos la marcha y admiramos el románico mudéjar de San Tirso y el arco barroco de San Benito. Nos enteramos también de que estamos a la mitad del Camino: un pedrusco, unas huellas y un bastón permiten inmortalizar el evento; ofrecimiento que no desperdiciamos ninguno de los cuatro, aunque a alguna le cuesta más que a otros hacerse la foto.

Seguimos Camino y cruzamos el río Cea al salir de Sahagún, y unos kilómetros más adelante nos encontramos la bifurcación que permite ir a Calzadilla de los Hermanillos (este nombre lo debió poner algún pariente de Flanders). Nosotros seguimos hacia El Burgo Ranero. En la primera parada conversamos unos minutos con unas agradable damas venidas del otro lado del océano (de Kansas una de ellas). Se sorprenden también de que seamos tan pocos españoles.

A partir de aquí impera la monotonía del andadero, los falsos plátanos (más de 32 kilómetros, no está mal), el sol que se deja sentir cada vez más y el bochorno que crece. Pero menos tocados de lo previsto llegamos al final de la etapa a las 14:10; en concreto, al albergue Domenico Laffi. Las albergueras son dos italianas muy agradables. Quizá por eso hay una mayor proporción de italianos entre los peregrinos allí alojados.

Tras la ducha, nos vamos en busca del menú y lo encontramos en uno de los restaurantes que hay enfrente del albergue. No es barato para ser un pueblo, pero tienen el detalle del invitarnos al café. El resto del día transcurre como el resto: descanso, lavado de ropa, compras en farmacia y tiendas y paseo hasta la cena. Lo especial es que juega España con Portugal... y gana, sufriendo hasta el último penalti, pero gana.

martes, 26 de junio de 2012

Etapa 15: Carrión de los Condes - Terradillos de los Templarios (27 km.)

Salimos del albergue a las 6:00 con el firme propósito de desayunar en el mismo Carrión de los Condes. El bar en el que habíamos previsto desayunar no está abierto aún; están abriendo y nos dice que esperemos en la calle. Así que nos vamos a otro, que es obvio que sí sabe a qué se dedica. Poco después, con la tripa llena, estamos cruzando el río Carrión y dejando a un lado la mole del Monasterio de San Zoilo.

Monasterio de San Zoilo
Una reflexión: la gente es tonta. En media, me refiero. El comentario generalizado de ayer era: "tenemos 17 kilómetros sin agua", como si se tratara del Kalahari y fuera a haber bajas seguras. El hecho efectivamente es que no hay agua en 17 kilómetros, pero digo yo que tenemos cantimplora, que es temprano y no hace calor y que desayunando puedes tomar todo el líquido que quieras. Si no puedes resistir 17 kilómetros matutinos así, tienes un problema grave. Aterrado por el expectativa de morir de sed, cargo dos litros. Y nos bebemos uno entre los cuatro.

Los 17 kilómetros en cuestión son prácticamente una línea recta (aunque alguna pareja de guiris por poco se va a Gijón, pero les avisamos y recuperan el oeste), rodeados de campos de trigo, avena y girasoles. Hay algunos árboles que alegran la vista, pero no dan sombra. Otra cosa que alegra la vista es que en todo momento tenemos a la vista las cumbres palentinas. Reconocemos sin problemas Espigüete, Curavacas y Peña Redonda.

La montaña palentina al fondo

Hoy es, y probablemente será, el día de más calor. Y sin sombras. Los hitos relevantes de estos 17 primeros kilómetros "del terror" que llegan hasta Calzadilla de la Cueza (que quizá debería llamarse "Calzadilla del Agua") son la entrada en la Vía Aquitana, que unía Burdeos y Astorga, el cruce con la carretera de Bustillo y el cruce con la Cañada Real Leonesa, donde paramos unos minutos. Allí nos cuentan que el padre y su hijo que ayer vimos en bici también son de Alcalá de Henares: cuatro españoles y medio y va a resultar que algunos somos vecinos.

En Calzadilla de la Cueza encontramos la anhelada fuente de agua y aprovechamos para comer unos sandwiches antes de proseguir. Hasta aquí el Camino es una ancha pista, pero hasta Terradillos de los Templarios, fin de la etapa de hoy, es un andadero paralelo a la carretera. Hay más vegetación, pero sin apenas sombras. Nos adelantan de nuevo muchas bicis, algunas con ciclistas muy simpáticos y algún imbécil de nuevo que pide paso a toda velocidad.

En Ledigos las flechas te hacen recorrer medio pueblo para que pases frente al bar. Es innecesario y estamos cansados, así que como a la salida del pueblo hay fuente, decidimos darnos el último respiro a la sombra y con agua. Mientras descansamos, nos llama el profesor de Alex para darnos sus notas: sin sorpresas, de lujo. Estoy por llevarle la mochila de premio.

Llegados a Terradillos de los Templarios optamos por quedarnos en el primer albergue de los dos que hay en el pueblo. Nos ofrecen una habitación para cuatro y no es apenas más cara. Este refugio tiene menos demanda, pero a posteriori comprobamos que es igual de bueno que el otro. Esperábamos que tuviera la piscina funcionando, pero no es así: la están preparando. Quitando ese pero, muy correcto. Tras un menú poco variado, pero muy rico, descansamos y pasamos la tarde lavando ropa (que se seca en un rato) y viendo vídeos divertidos en Internet. Después cenamos unos bocadillos y a las 9:45 ya estamos en las literas.

lunes, 25 de junio de 2012

Etapa 14: Boadilla del Camino - Carrión de los Condes (25 km.)

La gente se asusta con el calor y se levanta a las 5 de la mañana. No me importaría en absoluto si no fuera porque te despiertan. Y más si has cometido el error de elegir tu litera al lado de la puerta del aseo. Habíamos planeado desayunar en el albergue (dado que no queremos correr de nuevo el riesgo de desayunar mal un día más), así que no te levantas antes, pero tampoco duermes más.

Desayunamos con las bromas del alberguero y una docena de guiris. No hay conchas de chocolate industrial, así que me como las tostadas de Esti y todos tan contentos. A las 6:37 estamos saliendo del pueblo. Pronto llegamos al Canal de Castilla. El sol ya ha aparecido (detrás de nosotros, como es lógico). El paseo es muy agradable, aunque abundan los mosquitos y resultan a veces molestos.

Esclusas en Frómista
Llegamos a Frómista y nos entretenemos unos minutos con las esclusas. El plato fuerte es, como siempre que pasamos por aquí, San Martín de Frómista. Nos hacemos multitud de fotos y le dedicamos un buen rato... pero no aparece ni un peregrino. La mayoría pasa de largo. O no tienen guía o no tienen alma. Antes de dejar el pueblo compramos una barra de pan en una especie de bar a un señor que parece que te hace un favor vendiéndote una barra de pan a un euro.

A partir de aquí, la etapa es monótona: campos de cereal y pueblos apellidados "de Campos": Población, Revenga y Villarmentero. En Revenga de Campos paramos a descansar mientras nos comemos unos bocadillos que saben a gloria. En Villarmentero hay un refugio con tiendas indias (tipis) que no pegan ni con cola. Habíamos leído malos comentarios y estamos de acuerdo: comprobamos que el estado del aseo es asqueroso.

Villalcázar de Sirga
Seguimos adelante hasta llegar a Villalcázar de Sirga (Villasirga). En el bar de la plaza nos tomamos unos refrescos y unos helados. También nos atiende alguien que rebosa el mismo encanto que el de horas antes en Frómista. Con lo fácil que es sonreirle a la gente. Y gratis.

La iglesia da la misma impresión que la primera vez que la vimos: formidable, exagerada para un pueblecito normal. La diferencia es que ahora cobran por su visita. A mi sigue sin cuadrarme mucho que cueste dinero entrar en la Casa de Dios, pero como hay crisis... Lo mejor que es que a mi me quitan la duda de si entrar o no. De momento hacemos las fotos de rigor (de momento fotografiar iglesias es gratis) y enfilamos el tramo final del día, hasta Carrión de los Condes.

Patio del Monasterio de Santa Clara
En este tramo nos adelantan muchas bicis, alguna va de competición; si no, no se explica semejante griterío para que nos apartemos. Ya en Carrión de los Condes, buscamos alojamiento en el Monasterio de Santa Clara. El patio de la entrada es muy bonito. La toma de contacto es toda muy automática: nos recibe un autómata, con apariencia de señor, que nos toma los datos, nos cobra, nos muestra nuestra habitación y nos enumera las reglas de comportamiento en perfecta secuencia. Después comprobamos que dice y hace exactamente lo mismo con todos los peregrinos que van llegando, incluso en inglés. Pero no parece peligroso.

El albergue es sencillo, sin lujos, más auténtico que la mayoría. Cogemos una habitación para cuatro. La cocina tiene microondas, así que decidimos comer de menú, pero cenar en el albergue. Tras descansar unas horas a la hora de mayor calor, nos vamos a dar un paseo y hacer las compras. Comprobamos que Carrión tiene muchos bancos, pero ni un solo BBVA.

Ya de vuelta al albergue, la cena resulta un éxito (lasaña, ensalada, fruta...). Y antes de irnos a la cama, la americana del ukelele y David nos entretienen en el patio del Monasterio improvisando una canción (cutre total) de cuya letra no quiero acordarme, que es tarde.

domingo, 24 de junio de 2012

Etapa 13: Hontanas - Boadilla del Camino (29 km.)

Aunque la noche es tranquila, la peque acaba pidiendo cambio de litera, porque los bellos durmientes que lindan con ella roncan. Más precisamente, según le contaría más tarde a su abuela, roncaban como osos.

A eso de las 5:30 empiezan a desfilar los primeros peregrinos. Nosotros decidimos no esperar hasta las 6:00 como habíamos previsto. Y a eso de las 6:20 estamos ya en marcha. No hace tanto frío como ayer en Burgos, pero se sigue agradeciendo la ropa de abrigo.Hoy sí coincidimos con bastante peregrinos, aunque sin llegar a la exageración que vivimos el pasado puente del mes de Mayo.

Hospital de San Antón
En cosa de una hora pasamos frente al Hospital de San Antón, que no parece más deteriorado que cuando lo vimos por primera vez hace más de quince años. Un americano (de Florida, nos cuenta) me pide que le haga una foto con el fondo de la que debió ser una portada majestuosa y hoy es casi el arcén de una carretera (este país es de película).

Unos kilómetros más tarde llegamos a Castrojeriz, pueblo alargado como una serpiente al pie de la elevación en la que campea el castillo, en aparente restauración. Volvemos a picar otra vez: uno piensa que debería haber algo abierto donde tomar un café, pero no es así. Yo no lo entiendo bien. Castrojeriz no es un pueblo de cuatro casas ¿cómo es posible que nadie pueda madrugar para sacarse unos euros seguros ofreciendo un desayuno normalito a los peregrinos?

Toca desayunar lo que (afortunadamente) habíamos previsto para tal eventualidad. Aunque no es un desayuno como el que merecemos. Incluso el agua de la fuente que hay a la salida del pueblo tiene un sabor inaceptable. Aprovechamos para adoptar la configuración de "modo calor" (manga corta, protector solar, gafas y gorra) y enfilamos hacia el puente sobre el río Odra.

Teso de Mostelares
Este puente antecede a la tachuela del Teso de Mostelares, que salva unos 130 metros de desnivel con una pendiente media del 11% (en la bajada posterior indica 18%). Aún no hace mucho calor afortunadamente. Después de unas fotos arriba, seguimos adelante. Atrás quedaron las vides de La Rioja. El paisaje comienza a ser el de Tierra de Campos cien por cien: cereal, cereal y cereal. La monotonía solo la rompe algún coche que deja una polvareda a su paso por las pistas.

Llegamos a la Fuente del Piojo, donde hay un agradable merendero con sombra, agua de calidad y un par de señores que venden fruta a cambio de la voluntad. Les pregunto si venden pan, pero como es Domingo, no tienen para vender (otra cosa que no entiendo si tan en crisis estamos). Pero estas buenas personas me ofrecen un trozo de lo que reservan para su comida. 

Repuestas las fuerzas, enfilamos hacia el puente que cruza el río Pisuerga. Dejamos así la provincia de Burgos y entramos en la de Palencia. El primer pueblo es Itero de la Vega, donde nos metemos en un bar para refrescarnos y dar cuenta de un bocadillo vegetal. A la salida, se establece una lucha incruenta entre Alex y yo a ver a quien le dura más en la boca el hielo de la coca-cola. Gana Alex.

Campos de cereal
A partir de Itero de la Vega quedan aún 8 kilómetros de campos de cereal y calor. Al cruzar el canal del Pisuerga nos encontramos con la señora que me intentaba convencer de que era mejor dejar el último tramo de la etapa para la tarde: consecuente con ello, descansaba a la sombra de uno de los pocos árboles que hay en esta etapa. Tras un último repecho y un breve descanso, enfilamos hacia el final de la etapa: Boadilla del Camino.

Rollo judicial
Nos alojamos en el albergue privado "En el Camino", donde ya estuvimos comiendo hace muchos años mi mujer y yo, cuando aún no era albergue. Tiene piscinita y todo está muy bien cuidado. El posadero es un cachondo. Las caras de los peregrinos empiezan ya a sonarnos, pero españoles hay muy poquitos.

Comemos, descansamos y cenamos en el albergue. Lo más relevante del pueblo es el rollo judicial, del siglo XV. Y lo tenemos enfrente de la puerta del albergue, así que no necesitamos dar un paseo por el pueblo, nos basta con relajarnos un ratito en la piscina. Hoy juega Italia, que también se clasifica. Aunque de eso nos enteramos al día siguiente.

sábado, 23 de junio de 2012

Etapa 12: Burgos - Hontanas (31 km.)

Han pasado menos de dos meses desde que dejamos el Camino, pero ya estamos de vuelta. Las fiestas de Burgos empezaron ayer mismo. Por ello, nos encontramos mucha animación en las calles, con las zonas de tapeo terminando de ser montadas para dar satisfacción al consumo desaforado. Nosotros cenamos en una tranquila pizzería, de nombre Trajano, próxima a nuestro hotel de cuatro estrellas. Y es que el Camino realmente empieza hoy, así que ayer tocaba cuidar el cuerpo.

Saliendo de Burgos
6:00 a.m. Seguramente fuimos los primeros en irnos a la cama en todo Burgos; de hecho, como comprobaremos en breve, muchos ni se han acostado aún. Ducha, mochilas a las espaldas y empezamos. Atravesar Burgos viene a ser esquivar docenas de borrachos que siguen de jarana. Los servicios de limpieza ya han limpiado ciertas zonas, pero no otras y algunos sinvergüenzas se dedican a lo de siempre. Ya alejados del centro encontramos un bar abierto, en el que entramos a desayunar.

Uno de los primeros peregrinos que encontramos es un acho. Va a todo trapo, nos tememos que este no va a ser compañero de Camino. Hemos salido algo tarde, así que vemos pocos peregrinos. Como hay tiempo para todo, refiero un par de anécdotas lingüísticas. Al acercarnos a Villabilla, Esti pregunta si el edificio alto que se ve es un silo. Respuesta fácil, pero eficaz: "Sí lo es". Más adelante, en Rabé de las Calzadas, nos recibirá una fuente con veneras (creíamos que era unos soportes metálicos que tenía la fuente, pero según la RAE es una concha semicircular de dos valvas, una plana y otra muy convexa).

El primer pueblo que atravesamos tras dejar Burgos es Tardajos, donde nos alojamos la primera vez que hicimos el Camino; poco después llegamos a Rabé de las Calzadas, donde nos adelantan unos cuantos guiris bastante ruidosos (por las voces y por el repique de los bastones sobre el asfalto). Empezamos a comprobar que los guiris son absoluta mayoría de nuevo. De entre ellos, el premio al peregrino rarito se lo lleva por ahora el de la guitarra (a quién se le ocurre llevarse una guitarra casi 700 kilómetros).

Fuente (sin agua) de Praotorre
La fuente de Praotorre nos hace creer que encontraremos agua fresquita, pero ni un hilo. Eso sí, nos protegemos con crema solar nos quitamos el abrigo, que el sol ya empieza a calentar. Después de una veintena de kilómetros, llegamos a Hornillos del Camino. Allí reponemos fuerzas y rellenamos la cantimplora. Como tantos otros en el Camino, Es un pueblo alargado sin demasiada historia. Es una etapa larga y muchos peregrinos descansan también, dado que quedan aún 10 kilómetros. El calor no es exagerado, gracias a la brisa que sopla.

Hornillos del Camino
La película de este último tercio de etapa es monótona, excepción hecha del albergue de San Bol. Son las 14:20 cuando llegamos a Hontanas. Decidimos alojarnos en el albergue El Puntido, donde también comemos. Pasamos la tarde con la rutina clásica del peregrino: una vez aseados y alimentados, siesta. Más tarde, paseito, compra de viandas, cervecita o refresco, cena y... lo especial de hoy es que juega España con Francia. Peregrinos y lugareños se concentran en los pocos bares que hay. Cuestión deportiva aparte, coincidimos todos en que hay una epidemia de barriga cervecera entre los lugareños: no se salva ni uno de los presentes.

Al final, España gana 2-0. El silencio parece llegar a eso de las 22:35, pero es ficticio: el peregrino con la camiseta roja (forofo él) va a celebrar la victoria a su manera; es decir, con una serie ininterrumpida de varias horas de ronquidos. Que se lo digan a mi pequeña si no...

miércoles, 2 de mayo de 2012

Etapa 11: Agés - Burgos (23 km.)

A las 6:00 a.m., en pie. Con el trastazo del móvil en el suelo terminamos de despertar a todos los peregrinos que no habíamos logrado despertar aún. El desayuno es un buffet libre que, aunque poco variado, incluye tostadas de pan del día. En tiempo récord nos ponemos en marcha y al poco estamos casi en Atapuerca. Unos centenares de metros antes, unas curiosas piedras llaman la atención al borde del Camino. Una placa explica que fueron levantadas hace unos años siguiendo las técnicas prehistóricas. Simpático monumento.

Poco después empezamos a subir las cuestas que dejan atrás el pueblecito de Atapuerca. El Camino pasa al lado de unas alambradas que delimitan terrenos del Ejército. Al final de la subida nos espera una esbelta cruz de madera. Desde el alto se divisa perfectamente Burgos. Parece que está cerca, pero quedan más de 15 kilómetros aún.

Lo malo de esta etapa son los excesivos tramos de asfalto. En verano seguro que es más duro, lógicamente. Muchos de los pueblos que atravesamos o indicados en las bifurcaciones tienen el mismo apellido: Riopico. Cardeñuela, Orbaneja, etc. Obviamente atravesamos el Río Pico. Caminando, caminando llegamos a la AP-1, y poco después nos encontramos con la alternativa de seguir por el Camino tradicional, que ha evolucionado en asfalto y aceras, o bien seguir una vía más campestre, que bordea el aeropuerto, camino de Castañares. Sin dudarlo elegimos la segunda alternativa.

Tras unos cuantos kilómetros llegamos a Castañares, donde descansamos y nos comemos las manzanas con las que nos obsequiaron al registrarnos en el refugio de Agés. Aunque es posible seguir la N-120 hacia Burgos, hay una alternativa infinitamente más agradable: el paseo fluvial siguiendo la margen izquierda del río Arlanzón. Coincidimos además con un jubilado y dos jubiladas muy simpáticos los tres que se lo conocen bien y son de la misma opinión. Todavía quedan unos 6 ó 7 kilómetros para llegar al centro de Burgos, pero apenas nos detenemos porque la meta está cerca. El paseo está lleno de gente que pasea y hace deporte.

Una vez en Burgos solo queda admirar el exterior de la catedral, comer (más exactamente, atiborrarnos) en El Morito y comprarles una camiseta de recuerdo a los dos pequeños peregrinos. No podemos hacer más, ya que el autobús sale a las 15:00, lo que marca el fin de esta segunda serie de etapas. Ya solo quedan 19 o cosa así.


martes, 1 de mayo de 2012

Etapa 10: Belorado - Agés (27 km.)

A las 6:30 nos ponemos verticales. Somos casi los primeros y nos toca hacer la mochila con una linterna. Meida hora después estamos en el comedor, tomando el desayuno que compramos ayer: es suficiente, pero no es de peregrino profesional (¡ni tostadas, ni cruasanes, ni donuts de chocolate!).

Empezamos a andar a las 7:40. Salimos de Belorado y cruzamos enseguido el río Tirón. El camino que nos lleva hasta el primer pueblo, Tosantos, está especialmente bien acondicionado durante los cuatro kilómetros aproximados que tiene. La temperatura y el paisaje son tranquilos. En poco tiempo llegamos a Villambistia, donde, según nos cuentan más tarde, existe un buen alojamiento.

Ruinas del Monasterio de San Félix
Y poco después llegamos a Espinosa del Camino. En este pueblo nos tomamos un café del tamaño de dos en un bar muy agradable. Justo antes de reemprender la marcha desembarca un escuadrón de guiris de los que hacen el Camino a trozos, consiguiendo de paso que en algunos momentos parezca más una calle comercial que otra cosa.

Atravesamos campos y los restos del monasterio mozárabe de San Félix, donde al parecer fue enterrado el fundador de Burgos, para llegar enseguida a Villafranca Montes de Oca. Allí sellamos, renovamos el agua y empezamos la cronoescalada rodeados de jóvenes ciclistas nacionales y ancianetes andarines extranjeros. Una vez arriba, en la Fuente de Mojapán, encontramos unas mesas donde nos zampamos los bocadillos con auténtico placer. No llevamos más: si no cazamos algo, tendremos que aguantar con ellos hasta la hora de la comida.

El Camino que resta hasta San Juan de Ortega es largo y monótono. La riada de peregrinos le resta paz a la peregrinación. La monotonía es rota por un monumento erigido allí en recuerdo de los fusilados en aquel lugar en 1936 por esbirros del enano. En cada lado tiene unos preciosos versos de Miguel Hernández. La verdad es que los criminales no eligen muy bien los sitios para asesinar a los que no piensan como ellos, pero es bueno recordarlo, para que nunca más vuelva a suceder.

Los pinos y los robles se suceden hasta que finalmente avistamos San Juan de Ortega. Allí volvemos a sellar las credenciales, descansamos un rato y ya no paramos hasta el destino del día: Agés. Dada la masificación del Camino, nos vamos ya acostumbrando a reservar, algo que nunca hicimos la primera vez: reservamos en el Pajar de Agés, que es un refugio pequeño, pero muy agradable. Al llegar, dejamos las mochilas y nos vamos a llenar la panza, que es tarde. El menú nos deja satisfechos, el vino aún más (a mi, claro, no a los niños).

Agés
Pasamos la tarde descansando y dando algún paseo. El pueblo tiene una iglesia con una esbelta espadaña del siglo XVII. Al parecer en ella están enterradas las entrañas de algún rey (qué asco ¿no?). Cenamos en el albergue mismo. La cena es sencilla, primero y segundo únicos, pero se puede repetir. Compartimos mesa con cuatro italianos y compruebo que ya no entiendo el italiano, si es que alguna vez lo entendí. La alberguera nos cuenta anécdotas, como la del ucraniano de 2,30 metros que no cabía en las camas o la del tal "don Felipe", un humorista o algo así que le dejó varios dibujos.

Antes de cenar, nos damos un último paseo por el pueblo para bajar la cena. A la vuelta cojo un ejemplar (gratuito) del libro Hercólubus o Planeta Rojo, escrito por un individuo llamado V.M.Rabolú. Es un disparate tal que nos trae un sinfín de risas hasta la hora de dormir. Son las 22:00.

lunes, 30 de abril de 2012

Etapa 9: Santo Domingo de la Calzada - Belorado (23 km.)

Nos levantamos prontito un día más. Voy a buscar un bar, pero las calles de Santo Domingo de la Calzada están vacías, y casi todos los bares cerrados, cuando está claro que hay docenas de peregrinos que quieren desayunar. Nos preguntamos si verdaderamente hay crisis. Desayunamos en el único bar abierto que encontramos, el mismo en el que comimos ayer.

El día está nublado y la temperatura es perfecta para caminar. El paisaje sigue siendo muy verde, el color predominante en cuanto dejas los pueblos. En esta etapa, los pueblos se suceden más deprisa que en las anteriores. No es que vayamos más deprisa, es que hay más. Eso sí: no parece que ninguno tenga demasiada vida.

Iglesia de San Juan Bautista (Grañón)
Una innecesaria señalización nos hace dar un rodeo considerable a la mayoría de los peregrinos antes de llegar a Grañón. Nos damos cuenta tarde. Hay peregrinos que no pican (su guía debe ser mejor que la nuestra), pero la mayoría hacemos fácilmente medio kilómetro de más. Grañón, es atravesado por una calle Mayor muy agradable y tiene una bonita iglesia, la de San Juan Bautista. Este será el último pueblo antes de dejar definitivamente La Rioja y entrar en la provincia de Burgos, donde repetimos el clásico La Rioja, Burgos, La Rioja, Burgos...

En Redecilla del Camino cruzamos la N-120 para ver la pila bautismal, pero  la iglesia está cerrada. Una lástima, porque es la pila bautismal más bonita que hayamos visto jamás (lo que sucedió la primera vez que hicimos el Camino).

En Castildelgado paramos a reponer fuerzas. Entramos en dos tandas y cuando vamos a pagar nos cobran solo la primera. No caemos en ello. A los pocos segundos salen detrás de nosotros con bastante malhumor culpándonos de su error: ¿cómo se les iba a ocurrir a ellos que nos sentemos juntos, nos comamos los bocadillos juntos, no paremos de hablar entre nosotros, que nos levantemos y salgamos juntos y que fuéramos a pagarlo todo juntos? Cuando vuelva a hacer el Camino ya sé dónde no vuelvo a parar: Castildelgado.

Reemprendemos Camino y tras un breve descanso en Villamayor del Río, ya no paramos hasta Belorado, donde encontramos el primer albergue en la misma entrada del pueblo (A Santiago, se llama).

En el pueblo comemos un menú aceptable, aunque el comedor del restaurante, en la plaza de pueblo, está impregnado de olor a fritanga. Poco después nos despedimos de nuestra familia, que tiene que volver al quehacer diario antes que nosotros. Y nos quedamos los cuatro.

Belorado
Descansamos un rato en el albergue y nos vamos a hacer la compra (la cena y el desayuno del día siguiente). Después nos damos un paseo hacia el castillo, o mejor dicho a lo que queda del viejo castillo. A la ida vemos unos hippies que han acampado en un solar al lado del albergue, con un par de caballos. A la vuelta están reunidos cantando canciones: se ve que no tiene el Plus p'al salón. Del castillo queda poco, pero desde su ubicación se disfruta una buena panorámica de Belorado y aprovecho, como casi siempre, para darles la brasa a los niños sobre cómo la situación, la forma y el tamaño de los pueblos es algo vivo, de lo que Belorado es buen ejemplo.

Cenamos en el albergue, y como  no hay hora definida de apagar las luces, cada uno se acuesta cuando le apetece. Además, las salas no están bien aireadas y huele a pies (a los de todos, claro). Puntuamos al albergue con un 6 pelao, a pesar de la partida de billar americano que nos echamos los niños y yo.

Ya de noche, descubro que las mujeres, concretamente una italiana, pueden llegar a roncar como una piara de cerdos ebria de vodka... a mi me desvela, pero los demás duermen todos como benditos, hasta que aprovecho una distracción de la individua, que enmudece unos minutos, para quedarme frito. Para entonces ya he inmortalizado 40 y pico segundos del insoportable concierto:

domingo, 29 de abril de 2012

Etapa 8: Nájera - Santo Domingo de la Calzada (21 km.)

A las 6:00 a.m., luces encendidas, sin opciones. No me explico bien tanto madrugar en primavera, cuando no es necesario empezar a caminar de madrugada para evitar hacerlo cuando el sol aprieta. Además, hemos quedado a desayunar a las 8:00 con nuestra familia (prefieren posada a albergue) en el mismo establecimiento donde cenamos la noche anterior. Así que, con calma...

El desayuno es razonablemente completo. El tiempo va a empeorar por la tarde, según la previsión meteorológica: al parecer lloverá en toda la península, lo queramos o no. Así que nos damos prisa y poco después de las 8:15 nos ponemos en marcha.

La temperatura es muy agradable y si bien hoy ya no llueve, nada es perfecto: largos tramos del Camino son puro barrizal, sobre todo cuando atraviesa obras. Lo queramos o no, el Camino no es una carretera: nadie está obligado a mantenerlo. A más de un político se le llenará la boca de la importancia que tiene, pero se le olvida que hay que cuidarlo. Así que el barro se convierte en el protagonista del día.

En el paisaje siguen predominando vides y cereales sobre todo, y de un verde robusto. Encontramos tanta gente como en verano e incluso más. Es lo que tienen los puentes. Antes de llegar a Cirueña encontramos la antítesis del Camino: un campo de golf (o, como reza el letrero, un golf club), coches de semilujo, chalets adosados y sin adosar, vacíos en su mayoría. Patético. Tras este desolador paisaje llegamos a Cirueña. En el pueblecito buscamos y encontramos el bar, donde reponemos fuerzas con unos pinchos de tortilla deliciosos. Retomamos al poco el Camino. Por casualidad, o quizá no, en este tramo nos pasan muchas bicis de montaña. 

La etapa de hoy es más corta y pronto vemos la gran torre de Santo Domingo de la Calzada. No está cerca, pero alegra el espíritu. De hecho, los niños vienen canturreando canciones inventadas. Finalmente llegamos al regufio, donde tenemos delante medio centenar de peregrinos, prácticamente todos guiris. Uno se pregunta si es que acaban de abrir, aunque son las 13:30. Pero no: es que los que registran no tienen prisa, ni ganas, ni probablemente les importe mucho que las 50 personas que tienen delante lleven cinco o seis horas caminando. Seguro que no cobran por lo que hacen, pero ello no justifica que cada inscripción lleve dos minutos (es tomar tu nombre, tu número de identificación y darte un número de litera). Hora y cuarto esperando. De reloj. Pienso que los alemanes se asustan con semejante ineficiencia. Y la respuesta me la da una conversación entre un canadiense y un americano (creo):

      - It's Sunday.
      - It's Sunday and it's Spain.

Quede claro que me quedo con las ganas de sugerirle al segundo que haga el Camino de Santiago entre Quebec y Vancouver si no le gusta España, pero la verdad es que tiene razón y me callo.

Torre exenta
En contraste, el albergue es perfecto, con todo lo que necesita el peregrino. Incluso un podólogo atiende a los peregrinos con problemas en los pies (imagino que no es gratis, no sé). Hay agua caliente sin problemas (no como en Nájera). Podemos lavar las botas, cubiertas de barro. Quepo en la litera. Hasta el nivel de ronquidos, como comprobaremos por la noche, es inferior.

En el patio del albergue, antigua Cofradía del Santo, hay un gallinero donde residen los gallos y gallinas que pasan, cada veinte días, a la Hornacina de la Catedral.

Solo llevamos dos días de Camino, pero las caras ya empiezan a sonarnos, en particular las de los cuatro cristianos nativos. Por la tarde, ya descansados, salimos para dar un paseo. En la calle nos mezclamos con los lugareños, vestidos de domingo, y los peregrinos, vestidos de todo menos de domingo. Disfrutamos de lo que el pueblo ofrece, pero decidimos no pagar por visitar la catedral. En contrapartida, hacemos fotos para aburrir y, aprovechando que para una misa abren las puertas, les enseñamos a los niños el gallo y la gallina.

Buscamos y encontramos un nuevo sitio para cenar, aunque no tan animado como el de la comida. Reconfortados, nos volvemos al albergue. Al final no ha llovido: el trabajo de los meteorólogos es como el de los médicos: si aciertan, bien; si no, mala suerte.

sábado, 28 de abril de 2012

Etapa 7: Logroño - Nájera (29 km.)

Retomamos el Camino con un cambio: esta vez somos siete. Lo que no cambia son los agasajos con que lo dejamos allá por Julio. Y es que el día empieza con el fantástico (y nada imprevisto) desayuno preparado por Cristina. Aún más: por si nos parecía poco, tenemos listos siete bocadillos de aúpa para darle paz al cuerpo cuando las fuerzas empiecen a flaquear. Da pena dejar Logroño y dejar atrás tanto mimo.

Pero no queda más remedio. Porque además la predicción del tiempo es impeorable. Y así resulta ser. A los cinco minutos empieza a chispear. Es sábado, así que de camino hacia La Grajera nos encontramos multitud de corredores y paseantes. Y ya en el laguito, pescadores. Movimiento y calma, como el Camino mismo.

Cruces en el km. 9
La lluvia va y viene, pero ya no son cuatro gotas. Camino de Navarrete cruzamos una verja cosida a cruces hechas con dos palitos. Miles. En Navarrete Bego identifica el restaurante en el que comimos la primera vez que hicimos el Camino, precisamente en el día y a la hora en que Induráin decidió bajarse de la bicicleta, dejando de ser el mejor ciclista para empezar a ser leyenda. Momento histórico.

Los campos está preciosos, verdes, sanos. Vides y vides. Pero a estas altura ya no se disfrutan a causa de la maldita (también bendita) lluvia. Y se suma el viento a la fiesta. Llegamos a Ventosa. Es el momento de vaciar las botas de agua y dar cuenta de los bocadillos. En el bar nos tratan muy bien. Nos dejan incluso zamparnos los bocatas sentados a la mesa. Mientras tanto, venga llover. Así que nos tomamos un cafetito para ver si amaina. Pero no. Hoy no toca sol. No queda más remedio que enfundarnos en las capas y al turrón. Es el primer día, así que al menos no estamos cansados, sólo encharcados.

Albergue municipal de Nájera
La lluvia no para, pero ya es casi indiferente. Al final aparece Nájera, a lo lejos: hay momentos en que incluso parece que se aleje. Cuando llegamos, vamos al refugio municipal. Dos observaciones: no hay problemas de plazas, pero es una sala única, lo que es garantía de una noche interminable de ronquidos. Y la segunda: tenemos la impresión, que acabará en obviedad, de que los extranjeros son mayoría absoluta.

Tras acomodarnos y adecentarnos como valientes (no queda agua caliente, el calentador de 200 litros es insuficiente para tanta gente), escurrimos de nuevo botas y calcetines. El diluvio no ha dejado daños adicionales. Damos un paseo por Nájera y cenamos. Sigue lloviendo. El pueblo está en fiestas. El ruido rodea al albergue, pero dentro sólo hay un ruido... el previsto. A las 10:00, lights out.