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jueves, 28 de junio de 2012

Etapa 17: El Burgo Ranero - León (37 km.)

Tocamos diana de nuevo a las 5:30. Con más razón que ningún otro día, ya que hoy disputamos la etapa reina del Camino. Hemos dormido menos de la cuenta a causa del partido de fútbol y el calor, pero no hay excusa. Es casi imposible llegar antes de la comida, así que planeamos comer en Puente Villarente y descansar un rato para llegar por la tarde a León. No necesitamos albergue, ya que hemos reservado habitación en un apartotel: un pequeño homenaje para la escuadra de peregrinos complutenses.

Albergue de Reliegos
Empezamos con un pequeño error: a los 20 minutos de caminata me doy cuenta de que nos hemos dejado los plátanos en el albergue. Me vuelvo a por ellos corriendo: son dos kilómetros y pico más entre ida y vuelta. Me cruzo con algunos peregrinos que supongo que pensarán que no estoy en mis cabales (es de noche). Una vez recuperada la fruta, seguimos la hilera de falsos plátanos entre campos de regadío, cruzamos la vía del tren y llegamos a Reliegos (unos 13 km.), donde habíamos previsto desayunar. Cumplimos con el plan. Este pueblo, con casas cueva y cuyo albergue tiene una fachada muy alegre, se hizo famoso en su día porque le cayó un meteorito de 9 kilos, menudo susto si alguien lo vio caer.

En Reliegos nos encontramos con David y Carlo, y con ellos hacemos los siguientes 6 kilómetros, a toda mecha, hasta Mansilla de las Mulas. Vamos increiblemente bien de tiempo y de ánimo. Sellamos en el ayuntamiento esperando que el sello sea el mismo que nos pusieron la primera vez, pero el sello es más soso. Descansamos un rato en la plaza. Este pueblo es muy agradable y merece una visita porque tiene (restos de) muralla, con varias torres y puertas, iglesias, el puente sobre el Esla. 

Entrada más que peligrosa
Tras cruzar el Esla nos metemos en una recta paralela a la carretera N-601 poco (o nada) agradable. Observamos que las acequias pierden agua en muchas de sus juntas. Así nos va. Empieza a hacer calor, pero no tanto como en días anteriores. El ritmo es de 12 minutos y medio por kilómetro, que no está nada mal. Al final llegamos a Puente Villarente. Se entra por un puente sobre el río Porma tremendamente peligroso, como puede verse. Según leo, el puente para los peregrinos estaba previsto que se terminara en 2010. Estamos en 2012 y lo único que se ve son obras: quizá en 2014.

Pensábamos comer aquí, pero es pronto, así  que decidimos comprar la comida y seguir hasta el área de descanso que hay a unos 4 kilómetros, en Arcahueja. También compramos unos pasteles para celebrar el cumpleaños de la abuela. Sabia decisión: el área tiene sombra, sopla un viento que reduce la sensación de calor y la comida sabe a gloria. Mientras descansamos, pasan muchos peregrinos. Además, ya solo quedan 8 kilómetros hasta León.

Catedral de León
Sin embargo, lo peor del Camino son las entradas y salidas de las grandes ciudades. Y León no es excepción. Además, la impresión es que es una ciudad mucho menos cuidada que Burgos o Pamplona. Seguimos el Camino oficial hasta la Catedral, donde descansamos y nos hacemos las fotos de recuerdo correspondientes, también sellamos la compostela y nos encaminamos definitivamos hacia el apartotel.

Como tenemos mesa y silla, decidimos comprar en el Mercadona de al lado la cena y desayuno del día siguiente. No podemos lavar (no da tiempo a secar la ropa), pero tenemos todas las comodidades soñadas: Internet, Bob Esponja en la tele, una cena que sabe a gloria, la cerveza fresquita, el melón correcto, Italia gana a la Merkel 2-0... ya solo quedan dos etapas más por esta vez.

miércoles, 27 de junio de 2012

Etapa 16: Terradillos de los Templarios - El Burgo Ranero (31 km.)

Como el refugio estaba bastante vacío, hoy ha sido la primera vez que nos despertamos y dejamos el refugio sin ver casi a nadie. Y también porque hemos decidido salir cuanto antes y desayunar en Sahagún, dado el más que probable calor que va a hacer.

Pero el calor no va a ser el protagonista hoy. Afortunadamente está nublado y el sol no se deja ver apenas. Al menos hasta el mediodía. Además, sigue soplando un airecito que ayuda sobremanera a hacer la etapa cómoda. Y por si esto fuera poco está el largo paseo de falsos plátanos, que dan sombra de forma intermitente, lo que es un lujo si se compara con la ausencia casi total de sombra en las etapas previas.

SanTirso
Por Moratinos y San Nicolás pasamos con buen paso, intentando ganarle tiempo al calor. Y así llegamos al límite de la provincia de Palencia. Dejar León nos llevará mucho más tiempo: es la provincia con más kilómetros de Camino de Santiago. Aparece Sahagún a lo lejos, pero no nos dejamos engañar: tardaremos cerca de una hora en llegar. Nos hacemos unas fotos en el puente que precede a la ermita de la Virgen del Puente (muy propio).

Aunque no hay pérdida, el GPS nos confirma que estamos cerca de un BBVA (alta prioridad, ya que nos estamos quedando sin blanca: en los pueblos no hay cajeros y no suelen aceptar tarjetas). Cruzada la vía del tren, el primer bar que encontramos está tomado por peregrinos, la mayoría conocidos. Es un acierto, porque ofrecen un desayuno razonablemente completo a un precio muy asequible.

Mitad del Camino
Una vez reconfortados, seguimos la marcha y admiramos el románico mudéjar de San Tirso y el arco barroco de San Benito. Nos enteramos también de que estamos a la mitad del Camino: un pedrusco, unas huellas y un bastón permiten inmortalizar el evento; ofrecimiento que no desperdiciamos ninguno de los cuatro, aunque a alguna le cuesta más que a otros hacerse la foto.

Seguimos Camino y cruzamos el río Cea al salir de Sahagún, y unos kilómetros más adelante nos encontramos la bifurcación que permite ir a Calzadilla de los Hermanillos (este nombre lo debió poner algún pariente de Flanders). Nosotros seguimos hacia El Burgo Ranero. En la primera parada conversamos unos minutos con unas agradable damas venidas del otro lado del océano (de Kansas una de ellas). Se sorprenden también de que seamos tan pocos españoles.

A partir de aquí impera la monotonía del andadero, los falsos plátanos (más de 32 kilómetros, no está mal), el sol que se deja sentir cada vez más y el bochorno que crece. Pero menos tocados de lo previsto llegamos al final de la etapa a las 14:10; en concreto, al albergue Domenico Laffi. Las albergueras son dos italianas muy agradables. Quizá por eso hay una mayor proporción de italianos entre los peregrinos allí alojados.

Tras la ducha, nos vamos en busca del menú y lo encontramos en uno de los restaurantes que hay enfrente del albergue. No es barato para ser un pueblo, pero tienen el detalle del invitarnos al café. El resto del día transcurre como el resto: descanso, lavado de ropa, compras en farmacia y tiendas y paseo hasta la cena. Lo especial es que juega España con Portugal... y gana, sufriendo hasta el último penalti, pero gana.